Agustin Llanas Juárez
El impacto ambiental de las emociones en el
aprendizaje escolar
La palabra ambiente se refiere a todo lo que rodea a algo
o a alguien. Puede referirse al entorno natural o artificial que permite la
vida como el aire, el agua y los ecosistemas, o también a las condiciones
sociales, económicas o culturales de un lugar o grupo, definimos el ambiente
escolar como el entorno tanto físico como relacional de una institución
educativa que impacta el bienestar y el éxito académico de los estudiantes.
Incluye la relación entre alumnos, docentes y directivos, la seguridad física y
emocional, la salud y la existencia de condiciones que fomentan un aprendizaje
significativo, el respeto por la diversidad y un sentido de pertenencia.
Actualmente las
investigaciones sobre los procesos de aprendizaje confirman que la emoción y la
cognición son inseparables. Este vínculo crucial se manifiesta porque las
emociones influyen en diversas capacidades cognitivas como la memoria, el
razonamiento, la toma de decisiones y la actitud hacia el aprendizaje. Las
emociones, ya sean positivas o negativas, juegan un papel esencial en el
desempeño académico de los estudiantes, afectando directamente su capacidad
para aprender y desarrollarse de manera integral.
En
este sentido, si las emociones definen el espacio de acciones posibles de
realizar, entonces, las emociones constituyen el aspecto de mayor relevancia
para facilitar los aprendizajes en educación: emociones positivas o gratas
permitirán la realización de acciones favorables para el aprendizaje, emociones
negativas o no gratas no lo permitirán. En el caso de la interacción en el
aula, las emociones que fundan las acciones de los estudiantes serían
determinantes para el curso que sigue su aprendizaje, esto al favorecer o
limitar acciones de una cierta clase según sea la emoción que las sustente. De
acuerdo con lo anterior un alumno con miedo, molesto o aburrido no realizará
acciones que favorezcan su desarrollo académico, por el contrario, un alumno
motivado, cómodo, seguro e interesado sí podrá hacerlo, favoreciendo así la
construcción de su aprendizaje.
Por
otro lado, el desarrollo de la inteligencia emocional dentro del ámbito
educativo ha demostrado ser una herramienta poderosa para mejorar el
rendimiento académico y las habilidades sociales de los estudiantes. Este
concepto, popularizado por Daniel Goleman (1995), abarca la capacidad de
sentir, entender, controlar y modificar nuestras emociones y las de los demás.
Al fomentar una inteligencia emocional sólida desde una edad temprana, los
estudiantes aprenden a manejar sus emociones negativas y a mantener las
positivas, lo que les permite desarrollar competencias críticas como la
tolerancia a la frustración y el asertividad. Salovey y Mayer (1990),
definen también la inteligencia emocional como “una forma de inteligencia
social que implica la habilidad para dirigir los propios sentimientos y
emociones y los de los demás, saber discriminar entre ellos y usar esta
información y la propia acción”.
Por lo
cual, los docentes no deben centrarse únicamente en la enseñanza de modelos de
conductas correctos, sino también de prestar atención a los sentimientos y
emociones de sus alumnos. En este contexto los docentes se convierten en los
principales lideres emocionales lo que implica el hecho de actuar como ejemplo
y modelo a seguir, ya que, si es capaz de captar, comprender y regular las
emociones de su grupo, conseguirá el equilibrio emocional del mismo.
Podemos resumir, que las emociones impactan profundamente en
el aprendizaje de niños, adolescentes y jóvenes, ya sea para promover la
motivación, mejorar la atención o regular el estrés, el manejo adecuado de las
emociones es crucial para un desarrollo académico pleno. Esto
define la importancia de integrar la educación emocional en los currículos
escolares para lograr un desarrollo académico y personal más equilibrado y no debe ser vista como un complemento, sino como un
componente fundamental en el proceso educativo. Para autores como Steiner y
Perry (1997:27) la educación emocional debe dirigirse al desarrollo de tres
capacidades básicas:” la capacidad para comprender las emociones, la capacidad
para expresarlas de una manera productiva y la capacidad para escuchar a los
demás y sentir empatía respecto de sus emociones.
Por lo tanto, el clima
emocional es el ambiente psicológico y afectivo que se genera en el aula, y que
influye profundamente en la disposición de los estudiantes para aprender,
convivir y participar. No es algo que se da o se genera por sí solo, sino que
se construye activamente, por lo que un ambiente emocional positivo
en el aula o en la escuela es fundamental para que los docentes y alumnos
logren mejores resultados en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Referencias
bibliográficas
Vivas
García, Mireya, La educación emocional: conceptos fundamentales
Sapiens.
Revista Universitaria de Investigación, vol.4, núm. 2, diciembre, 2003, p. 0
Universidad
Pedagógica Experimental Libertador, Caracas, Venezuela.
Ibañes,
Nolfa, Las emociones en el aula.
Estudios
Pedagógicos, núm. 28, 2002, pp. 31-45
Universidad
Austral de Chile, Valdivia, Chile.
La
inteligencia emocional en el contexto educativo, disponible en www.afoe.org/inteligencia-emocional/.
Gardner,
H. (1993). Estructuras de la mente: la Teoría de las Inteligencias Múltiples.
Fondo de Cultura Económica. México.
Goleman,
D. (1995). La Inteligencia emocional. Buenos Aires: Javier Vergara Editor.
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