sábado, 20 de septiembre de 2025

Buen ambiente emocional, mejor aprovechamiento escolar.

 Agustin Llanas Juárez

El impacto ambiental de las emociones en el aprendizaje escolar

La palabra ambiente se refiere a todo lo que rodea a algo o a alguien. Puede referirse al entorno natural o artificial que permite la vida como el aire, el agua y los ecosistemas, o también a las condiciones sociales, económicas o culturales de un lugar o grupo, definimos el ambiente escolar como el entorno tanto físico como relacional de una institución educativa que impacta el bienestar y el éxito académico de los estudiantes. Incluye la relación entre alumnos, docentes y directivos, la seguridad física y emocional, la salud y la existencia de condiciones que fomentan un aprendizaje significativo, el respeto por la diversidad y un sentido de pertenencia.

Actualmente las investigaciones sobre los procesos de aprendizaje confirman que la emoción y la cognición son inseparables. Este vínculo crucial se manifiesta porque las emociones influyen en diversas capacidades cognitivas como la memoria, el razonamiento, la toma de decisiones y la actitud hacia el aprendizaje. Las emociones, ya sean positivas o negativas, juegan un papel esencial en el desempeño académico de los estudiantes, afectando directamente su capacidad para aprender y desarrollarse de manera integral.

En este sentido, si las emociones definen el espacio de acciones posibles de realizar, entonces, las emociones constituyen el aspecto de mayor relevancia para facilitar los aprendizajes en educación: emociones positivas o gratas permitirán la realización de acciones favorables para el aprendizaje, emociones negativas o no gratas no lo permitirán. En el caso de la interacción en el aula, las emociones que fundan las acciones de los estudiantes serían determinantes para el curso que sigue su aprendizaje, esto al favorecer o limitar acciones de una cierta clase según sea la emoción que las sustente. De acuerdo con lo anterior un alumno con miedo, molesto o aburrido no realizará acciones que favorezcan su desarrollo académico, por el contrario, un alumno motivado, cómodo, seguro e interesado sí podrá hacerlo, favoreciendo así la construcción de su aprendizaje.

Por otro lado, el desarrollo de la inteligencia emocional dentro del ámbito educativo ha demostrado ser una herramienta poderosa para mejorar el rendimiento académico y las habilidades sociales de los estudiantes. Este concepto, popularizado por Daniel Goleman (1995), abarca la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar nuestras emociones y las de los demás. Al fomentar una inteligencia emocional sólida desde una edad temprana, los estudiantes aprenden a manejar sus emociones negativas y a mantener las positivas, lo que les permite desarrollar competencias críticas como la tolerancia a la frustración y el asertividad. Salovey y Mayer (1990), definen también la inteligencia emocional como “una forma de inteligencia social que implica la habilidad para dirigir los propios sentimientos y emociones y los de los demás, saber discriminar entre ellos y usar esta información y la propia acción”.

Por lo cual, los docentes no deben centrarse únicamente en la enseñanza de modelos de conductas correctos, sino también de prestar atención a los sentimientos y emociones de sus alumnos. En este contexto los docentes se convierten en los principales lideres emocionales lo que implica el hecho de actuar como ejemplo y modelo a seguir, ya que, si es capaz de captar, comprender y regular las emociones de su grupo, conseguirá el equilibrio emocional del mismo.

Podemos resumir, que las emociones impactan profundamente en el aprendizaje de niños, adolescentes y jóvenes, ya sea para promover la motivación, mejorar la atención o regular el estrés, el manejo adecuado de las emociones es crucial para un desarrollo académico pleno. Esto define la importancia de integrar la educación emocional en los currículos escolares para lograr un desarrollo académico y personal más equilibrado y no debe ser vista como un complemento, sino como un componente fundamental en el proceso educativo. Para autores como Steiner y Perry (1997:27) la educación emocional debe dirigirse al desarrollo de tres capacidades básicas:” la capacidad para comprender las emociones, la capacidad para expresarlas de una manera productiva y la capacidad para escuchar a los demás y sentir empatía respecto de sus emociones.

Por lo tanto, el clima emocional es el ambiente psicológico y afectivo que se genera en el aula, y que influye profundamente en la disposición de los estudiantes para aprender, convivir y participar. No es algo que se da o se genera por sí solo, sino que se construye activamente, por lo que un ambiente emocional positivo en el aula o en la escuela es fundamental para que los docentes y alumnos logren mejores resultados en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

 

Referencias bibliográficas

Vivas García, Mireya, La educación emocional: conceptos fundamentales

Sapiens. Revista Universitaria de Investigación, vol.4, núm. 2, diciembre, 2003, p. 0

Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Caracas, Venezuela.

Ibañes, Nolfa, Las emociones en el aula.

Estudios Pedagógicos, núm. 28, 2002, pp. 31-45

Universidad Austral de Chile, Valdivia, Chile.

La inteligencia emocional en el contexto educativo, disponible en www.afoe.org/inteligencia-emocional/.

Gardner, H. (1993). Estructuras de la mente: la Teoría de las Inteligencias Múltiples. Fondo de Cultura Económica. México.

Goleman, D. (1995). La Inteligencia emocional. Buenos Aires: Javier Vergara Editor.


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