viernes, 30 de octubre de 2026

El ABC de las emociones: educar para el bienestar, la convivencia y la formación integral

Introducción

La educación actual enfrenta el desafío de formar estudiantes que, además de adquirir conocimientos académicos, desarrollen habilidades para comprenderse a sí mismos, relacionarse de manera respetuosa con los demás y afrontar las situaciones que se presentan en su vida cotidiana. En este sentido, la educación socioemocional representa un componente fundamental de la formación integral. Por ello, resulta indispensable que las escuelas generen ambientes en los que niñas, niños y adolescentes se sientan escuchados, respetados y acompañados durante su desarrollo.

El documento Sugerencias para el abordaje de las orientaciones El ABC de las emociones en Educación Básica, publicado por la Secretaría de Educación Pública en agosto de 2026, presenta una propuesta orientada a fortalecer el bienestar socioemocional de las comunidades educativas mediante recursos pedagógicos con un enfoque preventivo, formativo y comunitario.

La educación socioemocional como parte de la formación integral

Uno de los principales aportes del documento es reconocer que el bienestar emocional constituye un derecho humano y una dimensión fundamental de la formación integral. Esta perspectiva permite comprender que las emociones no deben considerarse elementos aislados de la enseñanza, sino aspectos que intervienen directamente en la manera en que los estudiantes aprenden, participan y establecen relaciones con otras personas.

Desde esta visión, educar emocionalmente implica favorecer que el alumnado identifique lo que siente, comprenda las causas de sus emociones y desarrolle recursos para expresarlas y regularlas de manera adecuada. También significa aprender a reconocer los sentimientos de los demás, escuchar diferentes puntos de vista y actuar con responsabilidad ante los conflictos. Estas capacidades contribuyen a fortalecer la autoestima, la empatía, la comunicación y la construcción de relaciones saludables.

El documento propone tres recursos complementarios: El ABC de las emociones. Orientaciones para docentes, El ABC de las emociones. Orientaciones para las y los jóvenes y Actividades colectivas del ABC de las emociones. En conjunto, estos materiales buscan proporcionar herramientas para abordar el bienestar socioemocional desde distintas perspectivas, mediante actividades que favorezcan la reflexión, la expresión emocional, el trabajo colaborativo y la resolución pacífica de conflictos (SEP, 2026).

Es importante destacar que el desarrollo socioemocional no se alcanza mediante una actividad aislada, sino a través de experiencias constantes que permitan a los estudiantes poner en práctica lo aprendido.

La propuesta presentada en el documento guarda relación con el enfoque humanista de la Nueva Escuela Mexicana, que busca una formación integral vinculada con la realidad de las comunidades y orientada al desarrollo de una ciudadanía crítica, participativa, creativa y solidaria. El documento destaca que el Plan de Estudio para la Educación Preescolar, Primaria y Secundaria 2022 promueve el desarrollo de saberes, capacidades, habilidades y actitudes que permiten a niñas, niños y adolescentes comprender las realidades de las que forman parte y actuar en favor del bienestar. Aunque el material se concentra especialmente en adolescentes y jóvenes, sus orientaciones ofrecen elementos de reflexión que pueden adaptarse a las necesidades del alumnado de primaria. Otro aspecto relevante del documento es el papel que desempeñan las maestras y los maestros en la creación de ambientes escolares seguros, inclusivos y respetuosos de la diversidad. El texto destaca que las estrategias pedagógicas deben relacionarse con la vida de los estudiantes y propiciar experiencias significativas que favorezcan el autoconocimiento, la interacción social y el entendimiento mutuo (SEP, 2026).No obstante, considero que este trabajo también representa un desafío para los docentes, debido a que cada grupo presenta necesidades y circunstancias particulares. Aunque el documento ofrece orientaciones valiosas para fortalecer la educación socioemocional, su implementación requiere compromiso, planeación y continuidad. Uno de los principales desafíos consiste en evitar que las actividades se desarrollen únicamente como ejercicios ocasionales, sin establecer una relación con las necesidades reales del grupo ni con los propósitos educativos.

Otro desafío consiste en fortalecer la participación de las familias y de la comunidad escolar. El desarrollo socioemocional no ocurre exclusivamente dentro del aula, sino también en los espacios familiares y sociales donde las niñas y los niños construyen sus formas de relacionarse. Por tanto, establecer acuerdos de convivencia, mantener una comunicación respetuosa con las familias y promover acciones compartidas de cuidado puede contribuir a que los aprendizajes emocionales tengan continuidad en la vida cotidiana.

Conclusiones

Su principal aportación de este documento consiste en ofrecer orientaciones y recursos que favorecen el autoconocimiento, la expresión y regulación de las emociones, la empatía, el autocuidado y la construcción de relaciones basadas en el respeto y la convivencia pacífica.

Desde la perspectiva de la Nueva Escuela Mexicana, esta propuesta representa una oportunidad para fortalecer una educación humanista que reconozca a los estudiantes como personas con experiencias, necesidades, emociones y capacidades diferentes. En consecuencia, la práctica docente debe considerar tanto los aprendizajes académicos como las condiciones emocionales y sociales que influyen en la participación y el desarrollo del alumnado.

Como docente considero que uno de los principales retos consiste en convertir estos planteamientos en acciones concretas, constantes y contextualizadas. Escuchar a los estudiantes, promover el diálogo, acompañarlos en la resolución de conflictos y generar ambientes inclusivos son prácticas que contribuyen a construir una comunidad escolar más respetuosa y solidaria. Sin embargo, estas acciones deben adaptarse a la edad y las necesidades del grupo, aprovechando los principios de la propuesta sin perder de vista las características propias de la educación primaria.

Asimismo, la educación socioemocional debe entenderse como una responsabilidad compartida que requiere la participación de docentes, familias y comunidad.

En conclusión, educar las emociones también significa educar para la vida.

 Por ello, el ABC de las emociones puede constituir un recurso valioso para enriquecer la práctica docente, siempre que su implementación responda a las necesidades reales del alumnado y se acompañe de un compromiso permanente con su desarrollo integral.

Referencias bibliográficas

Secretaría de Educación Pública. (2022). Plan de estudio para la educación preescolar, primaria y secundaria. SEP.

Secretaría de Educación Pública. (2026). Sugerencias para el abordaje de las orientaciones El ABC de las emociones en Educación Básica. SEP. Agosto de 2026.

El ABC de las emociones: desafíos y corresponsabilidades para una educación integral.

 

La educación integral constituye uno de los principios fundamentales de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), al reconocer que los procesos educativos deben trascender la adquisición de conocimientos académicos y favorecer el desarrollo humano, social y emocional de los estudiantes. En este contexto, la estrategia El ABC de las emociones, presentada al inicio del ciclo escolar 2026-2027, busca fortalecer el reconocimiento, la expresión y la regulación de las emociones en educación básica. Si bien esta propuesta resulta pertinente ante las necesidades socioemocionales presentes en las escuelas, su implementación plantea interrogantes sobre la preparación del colectivo docente, las condiciones institucionales y la participación de las familias en los procesos formativos.

El presente ensayo tiene como propósito analizar críticamente las aportaciones y desafíos de El ABC de las emociones, desde una perspectiva que reconoce la importancia de la educación socioemocional, pero también la necesidad de establecer responsabilidades compartidas para su desarrollo.

La educación socioemocional como parte de la formación integral

La Secretaría de Educación Pública (SEP, 2026) plantea El ABC de las emociones como una estrategia orientada al fortalecimiento de habilidades socioemocionales, reconociendo su importancia en el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes. Entre sus propuestas se encuentran actividades colectivas que favorecen la identificación de emociones, la empatía, la autorregulación y la convivencia escolar (SEP, 2026). Estas actividades representan una oportunidad para reconocer que las emociones forman parte de los procesos educativos y que su atención no debe reducirse a procurar estados permanentes de felicidad, sino a desarrollar habilidades para comprender, expresar y regular diferentes experiencias emocionales.

Sin embargo, el desarrollo socioemocional difícilmente puede consolidarse mediante actividades aisladas. Requiere continuidad, articulación curricular y ambientes escolares que favorezcan la confianza, el respeto y la participación. Por ello, la pertinencia de la estrategia debe analizarse no solamente desde sus propósitos, sino también desde las condiciones que posibilitan su implementación.

La formación docente y los desafíos de la práctica educativa

Uno de los principales desafíos de El ABC de las emociones se relaciona con la formación inicial y continua de los maestros. Aunque las emociones siempre han estado presentes en los procesos educativos, su reconocimiento explícito como parte de la formación integral demanda conocimientos y herramientas pedagógicas que no necesariamente forman parte de todas las trayectorias profesionales docentes. Desde mi experiencia como formadora de docentes, identifico que la Licenciatura en Educación Primaria contempla el curso Desarrollo socioemocional y aprendizaje. No obstante, resulta pertinente cuestionar si los espacios formativos existentes permiten desarrollar las competencias necesarias para abordar situaciones emocionales complejas, particularmente aquellas que trascienden las posibilidades de intervención pedagógica.

A ello se suman concepciones tradicionales de la docencia que continúan privilegiando determinados aprendizajes académicos y relegando la dimensión emocional a un lugar secundario. Esta situación puede manifestarse incluso en las instituciones formadoras, donde persisten dificultades para reconocer la relación entre las emociones y el aprendizaje. Sin embargo, sería limitado atribuir estas dificultades exclusivamente a la resistencia docente. 

Las responsabilidades administrativas, las condiciones laborales y las posibles insuficiencias en la formación continua también deben considerarse. Por tanto, implementar una estrategia socioemocional exige más que distribuir materiales didácticos: requiere acompañamiento pedagógico, capacitación y procedimientos claros de actuación. Asimismo, es indispensable reconocer los límites de la intervención docente. Promover la expresión emocional no equivale a proporcionar atención psicológica especializada. Cuando se identifican situaciones que exceden las competencias pedagógicas, deben existir mecanismos de protección, seguimiento y canalización profesional.

La corresponsabilidad entre escuela y familia

Otro desafío fundamental es la corresponsabilidad entre las instituciones educativas y las familias. Las transformaciones sociales, económicas y culturales han modificado las dinámicas familiares, las prácticas de crianza y las posibilidades de acompañamiento de niñas, niños y adolescentes. En este escenario, es necesario reflexionar sobre la transferencia de responsabilidades relacionadas con la formación emocional y conductual hacia las escuelas. No obstante, este fenómeno no puede explicarse únicamente por una menor participación familiar, pues también intervienen condiciones laborales, económicas y sociales que influyen en las oportunidades de convivencia y acompañamiento.

Desde esta perspectiva, El ABC de las emociones representa una oportunidad para fortalecer la educación socioemocional, pero su alcance dependerá también de la articulación entre escuela y familia. Ambas participan en la formación integral desde funciones diferenciadas y complementarias, sin que una deba sustituir las responsabilidades de la otra. El ABC de las emociones constituye una iniciativa pertinente para fortalecer la dimensión socioemocional de la educación básica. Sus propuestas didácticas permiten reconocer que las emociones forman parte de la experiencia educativa y que su atención es necesaria para avanzar hacia una formación integral.

Sin embargo, su implementación enfrenta desafíos relacionados con la preparación docente, las condiciones institucionales, las concepciones tradicionales sobre la enseñanza y la participación de las familias. Estas dificultades evidencian que las transformaciones educativas no dependen exclusivamente de la pertinencia de los programas, sino también de las posibilidades reales para desarrollarlos. Resulta indispensable reconocer que la educación socioemocional forma parte de la responsabilidad pedagógica, pero no debe confundirse con la atención psicológica especializada.

Del mismo modo, la escuela no puede asumir de manera exclusiva responsabilidades formativas que requieren la participación familiar y el acompañamiento de otras instancias. En consecuencia, el verdadero desafío no consiste únicamente en incorporar actividades para reconocer y expresar emociones, sino en construir condiciones institucionales y mecanismos de corresponsabilidad que permitan atender esta dimensión de manera sistemática, pertinente y responsable. Reconocer la importancia de las emociones en la escuela es necesario; garantizar las condiciones para acompañarlas constituye el reto fundamental de una educación verdaderamente integral.

Referencias bibliográficas

    Secretaría de Educación Pública. (2026). El ABC de las emociones en educación básica. 

    Secretaría de Educación Pública. (2026b). Actividades colectivas del ABC de las emociones.



LA SALUD MENTAL EN EDUCACIÓN: EL ABC DE LAS EMOCIONES

INTRODUCCIÓN La salud mental y emocional se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la sociedad actual, particularmente en el ámbito educativo, donde las escuelas enfrentan situaciones cada vez más complejas que afectan el bienestar y el desarrollo integral de niñas, niños y jóvenes. Ante este panorama, resulta necesario reflexionar sobre el papel de la educación en la prevención de la violencia, la construcción de ambientes escolares seguros y el fortalecimiento de las habilidades socioemocionales. En este contexto surge el programa ABC de las Emociones, una propuesta que merece ser analizada tanto por sus aportaciones como por los retos que representa para su implementación en las escuelas. DESARROLLO Al día de hoy el tema de la salud mental ha cobrado gran relevancia entre las personas de la sociedad moderna, cada vez es más común el conocer o escuchar a las personas de nuestros círculos sociales más cercanos que van a terapia, visitan psicólogos o se preocupan por su salud mental y emocional. Poco a poco hemos ido erradicando la retrograda idea social que cree que van al psicólogo sólo los que están “locos”. Y superar ese estigma no es para menos ya que estudios recientes considera “a la salud mental como parte fundamental de una persona, ya que puede afectar aspectos específicos de la vida escolar y laboral de los individuos, además de provocarles sentimientos de angustia” (Espinosa, 2018). En fechas muy recientes del año 2016, se han suscitado en distintos puntos del país actos de violencia y ataques en entornos escolares del país; por ejemplo Torreón, Coahuila (1 de octubre de 2026), Dos jóvenes de 18 años, exalumnos de una Secundaria (ejido La Unión), ingresaron al plantel utilizando armas blancas y petardos. El ataque dejó como saldo la muerte de la subdirectora del plantel y tres personas heridas (incluyendo estudiantes). Querétaro (30 de septiembre de 2026): Un estudiante de 13 años ingresó con dos cuchillos a la Secundaria Esperanza Cabrera y lesionó a cuatro personas antes de ser controlado. En Lázaro Cárdenas, Michoacán (24 de marzo 2026), un estudiante de 15 años ingresó a la preparatoria Antón Makárenko, , y atacó con un fusil a dos maestras. (Ojeda, 2026) La realidad supera la ficción, muy lamentables los hechos de violencia expuestos en lugares que son centros del aprendizaje, la falta de valores y la segregación de las y los jóvenes (considerados un grupo vulnerable que constantemente cae en garras del crimen organizado) nos ha llevado a una situación que no podemos evadir más, el desarrollo integral de los estudiantes es una necesidad urgente, la salud mental y emocional es un tema que se tiene que poner sobre la mesa y discutir el cómo el sistema educativo tiene qué actuar ante los lamentables hechos de violencia. “Los desafíos a los que nos enfrentamos en la actualidad requieren de la participación de diversos sectores e instituciones para contribuir en el diseño e implementación de alternativas que permitan seguir construyendo sociedades más justas, equitativas, seguras y prósperas” (SEP, 2026) La Secretaría de Educación Pública consciente de la situación y de esta necesidad de poner atención al desarrollo emocional de las y los jóvenes del país publica el “ABC de las emociones” dentro de la Estrategia Nacional de Atención a la Salud Mental para las y los Jóvenes. ¿Qué es el ABC de las emociones? Es una estrategia educativa que busca desarrollar la educación socioemocional mediante el reconocimiento, comprensión, expresión y regulación de las emociones, favoreciendo el bienestar personal y la convivencia. ¿A quién está dirigido? Principalmente a niñas, niños y adolescentes, aunque también puede trabajarse con docentes, familias y comunidades educativas. ¿Qué no es? No es una terapia psicológica ni sustituye la atención profesional, no busca eliminar las emociones negativas, no consiste únicamente en identificar o nombrar emociones, no pretende imponer cómo deben sentirse o comportarse las personas. En esencia, el ABC de las emociones busca que las personas aprendan a reconocer lo que sienten, comprender por qué lo sienten y desarrollar herramientas para gestionar sus emociones de manera saludable. El ABC de las Emociones representa para el Gobierno Federal y la Secretaría de Educación Pública una iniciativa importante para fortalecer la educación socioemocional; sin embargo, el tiempo que lleva en proceso de desarrollo es muy poco, la valoración de su impacto dependerá de que no se limite a la ejecución de las actividades propuestas. Considero necesario que exista una preparación adecuada de los docentes, materiales pertinentes y estrategias vinculadas con las situaciones reales que viven los jóvenes. Además, debe evitarse responsabilizar únicamente al estudiante de gestionar sus emociones, dejando de lado los factores familiares, escolares y sociales que influyen en su bienestar. La educación emocional debe construirse desde un entorno escolar empático, seguro y comprensivo, no solamente enseñarse como un contenido más. CONCLUSIÓN El ABC de las Emociones representa una oportunidad para reconocer que la educación va más allá de los aprendizajes académicos y que el bienestar emocional es fundamental para la formación integral de los estudiantes. Sin embargo, su éxito no dependerá únicamente de los programas o materiales que se implementen, sino del compromiso de las autoridades educativas, docentes, familias y sociedad. Es necesario pasar del discurso a las acciones, construyendo escuelas donde la escucha, la empatía, el respeto y la atención a la salud mental sean una práctica cotidiana y no solamente una intención institucional. Bibliografía Espinosa, M. (10 de Octubre de 2018). Gaceta UNAM. Obtenido de Gaceta UNAM: https://www.gaceta.unam.mx/la-importancia-de-la-salud-mental/ Ojeda, R. (01 de Octubre de 2026). MILENIO. Obtenido de https://www.milenio.com/policia/ataques-escuelas-mexico-2026-secundarias-preparatorias rivera, S. (10 de Septiembre de 2016). El Blog del profesor Santos Rivera. Obtenido de https://blog.materialesprofesorsantosrivera.com/entries/abc-de-las-emociones-orientaciones-para-docentes#que-es SEP. (Agosto de 2026). Orientaciones El ABC de las emociones en educación básica. 14. Cd. México, México. Obtenido de https://abcdelasemociones.sep.gob.mx/storage/recursos/Descargas/Sugerencias_para_abordaje_orientaciones_Basica.pdf

jueves, 29 de octubre de 2026

EL ABC DE LAS EMOCIONES ALGUNAS GENERALIDADES Y REFLEXIONES ENTORNO AL DESARROLLO SOCIOEMOCIONAL DE LOS ADOLESCENTES, EN EL MARCO DE LA IMPLEMENTACIÓN DE LA NUEVA ESCUELA MEXICANA.

 


 

Introducción.

La educación socioemocional recientemente ha sido un elemento indispensable en el planteamiento de la NEM, nace de la necesidad de atender problemáticas sociales, culturales y del desarrollo psicológico del adolescente, como fuente primordial de atención en adolescentes de entre 14 y 18 años como parte de una estrategia nacional para disminuir factores de riesgo en estudiantes del rango referido.

Si bien, el proceso biológico de crecimiento del sujeto atiende a factores del momento histórico y espacio geográfico, en la actualidad en México, los estilos de vida tan cambiantes y acelerados, el uso indiscriminado de las Tecnologías, así como la vorágine de un mundo globalizado han alterado en la salud mental de los individuos.

Los desafíos a los que nos enfrentamos requieren de la participación de las instituciones para contribuir en el diseño e implementación de alternativas que permitan seguir construyendo sociedades más justas, equitativas, seguras y prósperas.

 

Desarrollo

La estrategia educativa del ABC de las emociones, es parte de la política educativa del modelo de la NEM, este integrador curricular tiene como finalidades, por un lado, mejorar la formación integral del estudiantado, ya no solo desde el ámbito académico, sino también desde la salud mental y la promoción de una vida saludable desde una perspectiva holista. Y también, busca el desarrollo de competencias docentes para transitar en un servicio educativo basado en el fomento de la regulación de las emociones, prevención de situaciones de crisis psicológicas, adquisición de conocimientos y habilidades para fungir como primeros respondientes en casos de Primeros Auxilios Psicológicos.

En ese sentido, “El profesor ideal para este nuevo siglo tendrá que ser capaz de enseñar la aritmética del corazón y la gramática de las relaciones sociales […] Para ser un profesor eficaz es necesario serlo a través de las emociones”. (Extrema, N y Fernandez-Berrocal, P. 2002). 

Para lograr dichas finalidades, es importante considerar a la Inteligencia Emocional como la base de la estrategia en mención, para Goleman (citado en De la Barreda, Angón, 2022, p. 6) define dicho término como “cualquier característica de carácter personal que no está representada por la inteligencia cognitiva”. Lo que es el sujeto, parte de la Inteligencia emocional, su personalidad, historia de vida, emociones, conductas, relaciones intrapersonales y a su vez las relaciones interpersonales definen en suma el grado de competencias blandas que posee.

Las Actividades colectivas del ABC de las emociones favorecen la expresión emocional, la escucha activa, la empatía, el trabajo colaborativo, la resolución pacífica de conflictos y la construcción de redes de apoyo. A través de propuestas lúdicas y reflexivas, se busca fortalecer las habilidades socioemocionales de las y los estudiantes, promover el reconocimiento y valoración de la diversidad, y contribuir a la creación de ambientes escolares seguros, inclusivos y libres de violencia. (SEP, 2026, p. 5)

 

a)    Formas de ser, pensar, actuar y relacionarse.

b)    Los sentimientos y su influencia en la toma de decisiones.

c)     Construcción del proyecto de vida.

d)    Educación Integral en Sexualidad.

e) Prevención de situaciones de riesgo.

 

Conclusión.

Resulta significativo el valor que se le otorga a la educación socioemocional tanto en el seno de la Reforma Educativa de la NEM, como también desde la interiorización e importancia que le otorga el docente. Educar para la Vida se ha convertido en el eje neurálgico no solo desde un currículo vigente sino como un estilo de vivir que se propicia y aporta desde el hogar y la escuela.

 

 

Referencias bibliográficas.

 

De la Barreda Angon, F. P. (2022). ABC de las Emociones. https://diposit.ub.edu/items/5a4ea65e-9fb6-44c4-91be-2a16233c451b

Pérez Pérez, M. S. (2016). La educación emocional en las aulas. https://riull.ull.es/xmlui/bitstream/handle/915/1486/LA+EDUCACION+EMOCIONAL+EN+LAS+AULAS.pdf?sequence=1

SEP (2026) Sugerencias para el Abordaje de las Orientaciones El ABC de las emociones en Educación Básica.

 

miércoles, 28 de octubre de 2026

Escuela, familia y contexto: claves para un aprendizaje significativo en secundaria

 

Escuela, familia y contexto: claves para un aprendizaje significativo en secundaria

Ana Celia Chávez Gutiérrez

Artículo de divulgación educativa

 

Introducción

¿Qué puede estar viviendo un estudiante que deja de entregar tareas, permanece callado durante la clase o parece haber perdido el interés por aprender? La respuesta inmediata suele centrarse en su desempeño: se piensa que no estudia, que no se esfuerza o que la asignatura no le interesa. Sin embargo, la vida escolar no está separada de lo que ocurre fuera del salón. Las relaciones familiares, las condiciones económicas, las experiencias de la comunidad y el estado emocional pueden influir en la manera en que cada adolescente participa y aprende.

Comprender al alumnado requiere mirar más allá de una calificación o una conducta aislada. No significa justificar todas las dificultades ni reducir las expectativas académicas, sino reconocer que cada estudiante llega a la escuela con una historia, necesidades, capacidades y circunstancias particulares. Desde esta mirada, la relación entre escuela, familia y comunidad no es un complemento del trabajo educativo: constituye una condición importante para construir aprendizajes con sentido.

Este artículo reflexiona sobre ese vínculo a partir de planteamientos de la Nueva Escuela Mexicana, investigaciones relacionadas con el contexto social y experiencias de la práctica docente en proyectos STEAM de Física y Química. Asimismo, plantea acciones concretas para que la colaboración entre los distintos actores de la comunidad educativa se traduzca en un acompañamiento más cercano e integral de los adolescentes.

El estudiante es también un sujeto social y cultural

Torres Merchán et al. (2014) plantean que el sujeto social se forma mediante procesos históricos y culturales. La escuela es uno de los espacios donde conviven experiencias, valores y maneras distintas de interpretar la realidad. Por eso, el aprendizaje no ocurre en el vacío: se relaciona con los saberes que los estudiantes han construido en su hogar y en su comunidad, así como con las oportunidades y los retos que encuentran en su vida cotidiana.

Esta perspectiva coincide con la orientación de la Nueva Escuela Mexicana, que reconoce al alumnado como una persona con dimensiones sociales, morales, políticas y económicas, y propone una formación integral vinculada con su contexto (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2019). Llevar este principio a la práctica implica interesarse por quiénes son los estudiantes, qué conocen, qué les preocupa y de qué manera pueden relacionar los contenidos escolares con su realidad. También exige evitar etiquetas que conviertan una dificultad temporal en una definición de la persona: un estudiante no es “irresponsable” por una tarea que no entregó, del mismo modo que una calificación no resume todo lo que sabe o puede llegar a desarrollar.

Conocer el contexto tampoco significa invadir la privacidad familiar ni suponer que el docente puede resolver por sí solo todas las dificultades sociales. Significa observar, escuchar, establecer una comunicación respetuosa y utilizar la información pertinente para tomar decisiones pedagógicas. A partir de ello, es posible ofrecer apoyos oportunos, ajustar estrategias y crear un ambiente donde pedir ayuda no se perciba como una señal de fracaso.

La familia: una aliada en el proceso de aprendizaje

La familia suele ser uno de los primeros espacios donde niñas, niños y adolescentes desarrollan hábitos, formas de comunicación, valores y expectativas sobre el futuro. Su participación puede contribuir al bienestar y al seguimiento de la trayectoria escolar, aunque las posibilidades de acompañamiento no son iguales en todos los hogares. Las jornadas laborales, las condiciones económicas, el acceso a recursos y las experiencias previas con la escuela pueden influir en la manera en que madres, padres o tutores participan.

Zavala León et al. (2023) reportaron una correlación positiva de 0.41 entre contexto social y rendimiento académico en un grupo de trece estudiantes de tercer grado de primaria en Sonora. La ponencia señaló la relación entre algunas condiciones económicas y de comunicación familiar y la vulnerabilidad ante el bajo aprovechamiento. Estos resultados deben interpretarse con cautela: el grupo estudiado fue pequeño y correspondió a educación primaria, por lo que no es adecuado generalizarlos directamente a todos los adolescentes de secundaria. Aun así, el estudio ofrece un motivo para considerar cómo se relacionan las condiciones de vida y la experiencia educativa.

En secundaria, la comunicación puede complicarse porque cada docente atiende varios grupos y numerosos estudiantes. Por ello, es importante que el contacto con las familias no ocurra únicamente cuando hay una calificación reprobatoria, una falta o un conflicto. Compartir avances, reconocer esfuerzos y conversar sobre estrategias de apoyo ayuda a construir confianza. El diálogo debe partir del respeto y no de la culpabilización: las familias son aliadas, pero también enfrentan circunstancias y limitaciones que la escuela necesita comprender.

La Nueva Escuela Mexicana y el aprendizaje conectado con la realidad

La SEP (2019) destaca la importancia de una gestión escolar participativa y de considerar el contexto del alumnado al organizar el trabajo educativo. Esta orientación se relaciona con el artículo 3.º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establece principios para una educación integral e inclusiva y señala la relevancia de los contextos regionales y locales (Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, 2026). En términos cotidianos, esto invita a preguntarnos no solo qué contenidos se deben enseñar, sino también cómo pueden dialogar con las experiencias de quienes aprenden.

Vincular los contenidos con el entorno no significa sustituir el conocimiento científico por opiniones ni reducir el rigor académico. Por el contrario, ofrece oportunidades para formular preguntas, contrastar información, observar fenómenos y aplicar conceptos. Cuando los estudiantes identifican una relación entre lo que estudian y una situación de su vida, pueden encontrar motivos más claros para participar y comprender la utilidad de lo aprendido.

En mi práctica docente, los proyectos STEAM de Física y Química me han permitido observar el potencial de comenzar con preguntas cercanas a los adolescentes. La construcción de prototipos tecnológicos, como en experiencias de trabajo vinculadas con “El casino de la ciencia”, abre oportunidades para investigar, experimentar, colaborar y resolver problemas. Estas actividades pueden ayudar a que los conceptos científicos dejen de percibirse como información distante y se conviertan en herramientas para explicar fenómenos o proponer soluciones. La experiencia docente no constituye por sí sola una investigación generalizable, pero sí aporta observaciones valiosas para reflexionar y mejorar la enseñanza.

El bienestar socioemocional también forma parte de aprender

Aprender requiere atención, participación y disposición para enfrentar errores y desafíos. Cuando un adolescente se siente excluido, inseguro o poco escuchado, puede resultarle más difícil involucrarse en las actividades escolares. Por ello, la dimensión socioemocional debe considerarse parte del trabajo educativo, sin reemplazar los aprendizajes académicos ni convertir al docente en especialista clínico.

La estrategia “El ABC de las emociones” propone actividades colectivas para que estudiantes reconozcan y expresen lo que sienten en un entorno de escucha (Subsecretaría de Educación Media Superior [SEMS], 2026; Espejel, 2026). Actividades como elaborar un mapa de emociones pueden abrir conversaciones sobre situaciones cotidianas y favorecer el reconocimiento de los propios sentimientos. Su valor, sin embargo, depende de cómo se incorporen a la vida escolar. Una sesión aislada no construye por sí misma una relación de confianza; esta se desarrolla con la escucha cotidiana, el trato digno y la certeza de que las inquietudes serán atendidas sin burlas ni juicios apresurados.

También es necesario reconocer los límites del acompañamiento docente. Ante situaciones que requieren atención especializada o ponen en riesgo el bienestar del estudiante, la escuela debe activar los canales institucionales correspondientes. Escuchar y acompañar es fundamental, pero no significa asumir responsabilidades para las que no se cuenta con preparación ni recursos.

Acciones concretas para fortalecer el vínculo

La colaboración entre escuela, familia y comunidad se construye mediante prácticas constantes, no solo con declaraciones generales. Algunas acciones posibles son:

·         Establecer una comunicación preventiva con las familias, que incluya mensajes sobre avances y logros, además de avisos cuando surge una dificultad.

·         Ofrecer distintas formas de contacto, considerando horarios, acceso a tecnología y condiciones de cada hogar.

·         Utilizar espacios de trabajo colegiado y del Consejo Técnico Escolar para analizar necesidades del grupo y acordar estrategias de acompañamiento, además de revisar resultados académicos.

·         Diseñar proyectos vinculados con situaciones del entorno para que los estudiantes investiguen, experimenten y propongan soluciones con fundamento.

·         Promover en el aula la escucha respetuosa, la participación, la colaboración y la posibilidad de equivocarse sin humillación.

·         Dar seguimiento a los acuerdos y revisar si las acciones realmente ayudan, en lugar de mantener actividades solo por cumplir con una indicación.

Estas acciones no eliminan por sí solas las desigualdades ni garantizan que todos los problemas se resuelvan. Su aportación consiste en mejorar la capacidad de la escuela para detectar necesidades, coordinar apoyos y crear experiencias de aprendizaje pertinentes. Además, deben aplicarse con flexibilidad, porque no existe una única estrategia que funcione de la misma manera en todos los grupos y comunidades.

Conclusión

El aprendizaje significativo se construye en la intersección entre el aula, el hogar y la comunidad. Por eso, cuando un estudiante deja de entregar tareas, participa poco o parece desmotivado, conviene evitar las conclusiones inmediatas y abrir un espacio para escuchar, observar y comprender. Mirar el contexto no reduce la responsabilidad académica; permite acompañar mejor al estudiante para que pueda asumirla y avanzar.

A los equipos directivos les corresponde generar condiciones para el diálogo y el trabajo colegiado; a los docentes, diseñar experiencias relevantes y sostener relaciones respetuosas; y a las familias y comunidades, participar desde sus posibilidades y necesidades. Esta responsabilidad es compartida, aunque no todos los actores tengan los mismos recursos ni las mismas funciones. Cuando existe comunicación continua, sensibilidad ante las circunstancias y compromiso con el aprendizaje, la educación integral deja de ser solo un principio y puede convertirse en una práctica cotidiana. En definitiva, enseñar también significa reconocer a la persona que aprende y construir, junto con ella, las condiciones para que pueda desarrollar sus capacidades.

Referencias

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. (2026). Artículo 3.º. Última reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 3 de marzo de 2026. Cámara de Diputados. https://investigacion.uam.mx/pdf/normativas/nac/art3.pdf

Espejel, R. (2026, 5 de octubre). SEP distribuye «El ABC de las Emociones» en escuelas: ¿qué contienen los folletos y a quiénes van dirigidos? Uno TV. https://www.unotv.com/nacional/sep-abc-emociones-folletos-estudiantes-docentes-familias/

Secretaría de Educación Pública. (2019). La Nueva Escuela Mexicana: principios y orientaciones pedagógicas. SEP.

Subsecretaría de Educación Media Superior. (2026). El ABC de las emociones: Orientaciones para implementar las actividades colectivas [Presentación]. https://dgb.sep.gob.mx/storage/recursos/2026/05/rhoZVUvGS1-PRESENTACION-ACTIVIDADES-COLECTIVAS.pdf

Torres Merchán, N. Y., Pachón Barbosa, N. A., Medina Peña, N. A., & Amézquita Vargas, J. C. (2014). Reflexiones críticas sobre la formación del sujeto social en un programa de formación superior. Praxis & Saber, 5(9), 127–147. https://revistas.uptc.edu.co/index.php/praxis_saber/article/view/2997

Zavala León, Pacheco Celaya, & López Ibarra. (2023, 4–8 de diciembre). Impacto del contexto social en el rendimiento académico del alumno [Ponencia]. XVII Congreso Nacional de Investigación Educativa, Villahermosa, Tabasco, México. Consejo Mexicano de Investigación Educativa. https://comie.org.mx/congreso/memoriaelectronica/v17/doc/1311.pdf

Entre el alivio emocional y la fractura estructural: Examen crítico del programa «El ABC de las emociones» en la educación básica

 Autor: Eduardo Rafael Valerio Alarcón

Entre el alivio emocional y la fractura estructural: Examen crítico del programa «El ABC de las emociones» en la educación básica

Introducción

Al inaugurar el ciclo escolar 2026-2027, el sistema educativo mexicano incorporó en educación secundaria y bachillerato la Estrategia Nacional de Salud Mental denominada «El ABC de las emociones». Coordinada interinstitucionalmente por la Secretaría de Educación Pública (SEP, 2026a), el sector salud y organismos juveniles bajo los postulados humanistas de la Nueva Escuela Mexicana (SEP, 2019), esta política busca promover el bienestar socioemocional mediante un enfoque preventivo, formativo y de cuidado colectivo. A través de guías operativas y actividades grupales (SEP, 2026b), la propuesta pretende atender los malestares afectivos que afectan la convivencia y el aprendizaje de las y los adolescentes.

Sin embargo, una mirada rigurosa desde la gestión educativa exige interrogar si esta iniciativa constituye una auténtica formación del sujeto social o si opera como un dispositivo de contención afectiva que despolitiza el malestar y evade la raíz de los problemas. El presente ensayo sostiene que, si bien la desestigmatización de la salud mental representa un acierto indispensable, el programa incurre en una psicologización individualizante de conflictos estructurales y sobrecarga al cuerpo docente, omitiendo las determinantes socioeconómicas y familiares que condicionan de manera decisiva el desarrollo integral de los estudiantes.

Desarrollo

La psicologización del aula frente a las determinantes del contexto social

La principal fisura analítica del programa estriba en asumir que el malestar emocional de los adolescentes puede resolverse en el aula mediante dinámicas lúdicas de cincuenta minutos (SEP, 2026b). Esta formulación soslaya que las tensiones afectivas son, en su mayoría, la expresión sintomática de profundas desigualdades del entorno. Investigaciones concluyentes sobre el contexto escolar mexicano, como la desarrollada por Zavala León et al. (2021), demuestran una correlación positiva y significativa (r = +0.41) entre las variables del contexto sociofamiliar y el rendimiento académico, confirmando que la precariedad de la vivienda, el desempleo vecinal, la violencia y la disfuncionalidad en los hogares constituyen las barreras primordiales para el aprendizaje (Brunner y Elacqua, 2004). Pretender que actividades como «la escalera de las emociones» o «el árbol de apoyos» modulen por sí solas tales privaciones equivale a caer en la «ilusión racionalista de que la escuela podría por sí sola satisfacer todas las necesidades educativas de la vida humana» (Delors, 1996, p. 115).

Sobrecarga del rol docente e instrumentalización de los primeros auxilios psicológicos

Desde la óptica de la gestión escolar, la política traslada una exigencia de contención al profesorado al incorporar los primeros auxilios psicológicos como función cotidiana de aula (Comisión Nacional de Salud Mental, 2024). Aunque el marco oficial precisa que el magisterio no brinda terapia especializada, en la práctica se confiere a tutores y directivos la atención inicial de crisis afectivas mediante el esquema de «las 3 E: Evaluar la seguridad, Escuchar sin juzgar y Enlazar con apoyo». Sin embargo, las escuelas públicas carecen de gabinetes interdisciplinarios de psicología clínica y trabajo social, reduciendo el apoyo externo a enlaces telefónicos institucionales. Como advierte Rivera (2026) en sus orientaciones pedagógicas, delegar estas tareas formativas complejas sin descarga horaria ni plazas de especialistas sobrecarga al cuerpo docente y compromete la revalorización magisterial proclamada por la Nueva Escuela Mexicana (SEP, 2019).

La desarticulación entre el sujeto social y la contención afectiva

Al contrastar el programa con los estudios sobre la formación del sujeto social, emergen tensiones teóricas de primer orden. Torres Merchán et al. (2014), fundamentándose en los planteamientos de Hugo Zemelman, sostienen que el sujeto social se constituye como un agente histórico, colectivo y multidimensional, con capacidad de interrogar críticamente su entorno y generar alternativas transformadoras frente a las problemáticas comunitarias y socioambientales. No obstante, «El ABC de las emociones» tiende a concentrarse en la autorregulación interna y la tolerancia afectiva, orientando la energía juvenil hacia el sosiego individual en vez de vincular el bienestar subjetivo con la participación ciudadana y la deliberación colectiva. Como señalan Torres Merchán et al. (2014), desvincular las prácticas formativas de las condiciones reales del territorio produce una formación despolitizada y meramente adaptativa, lejana de los fines emancipadores de una educación para la vida (SEP, 2017; SEP, 2019).

Conclusiones

El programa «El ABC de las emociones» acierta al colocar la salud mental en el centro del debate educativo nacional. No obstante, su implementación en el ciclo 2026-2027 evidencia que no es éticamente viable exigir a los centros escolares que resuelvan lo que el Estado no garantiza en materia de bienestar y salud pública. Mientras no se dote a las escuelas de especialistas interdisciplinarios y se atiendan las fracturas socioeconómicas de las familias, la estrategia operará como un paliativo cosmético. La auténtica educación para la vida demanda enlazar el bienestar afectivo con políticas estructurales, haciendo de la escuela un espacio de emancipación comunitaria y no un mero contenedor de crisis sociales.

 

 

Referencias Bibliográficas

Brunner, J. J., y Elacqua, G. (2004). Factores que inciden en una educación efectiva: Evidencia internacional. Revista Virtual La Educación, 38(139-140), 1-11.

Comisión Nacional de Salud Mental. (2024). Manual de primeros auxilios psicológicos en el contexto escolar. Secretaría de Salud / Gobierno de México.

Delors, J. (1996). La educación a lo largo de la vida. En La educación encierra un tesoro: Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI (pp. 111-126). Santillana / Ediciones UNESCO.

Rivera, S. (2026, 2 de octubre). El ABC de las emociones: Orientaciones para docentes. Blog del Profesor Santos Rivera.

Secretaría de Educación Pública. (2017). Los fines de la educación en el Siglo XXI. Gobierno de México.

Secretaría de Educación Pública. (2019). La Nueva Escuela Mexicana: Principios y orientaciones pedagógicas. Subsecretaría de Educación Media Superior.

Secretaría de Educación Pública. (2026a). Sugerencias para el abordaje de las Orientaciones El ABC de las emociones en Educación Básica. Gobierno de México.

Secretaría de Educación Pública. (2026b). Actividades colectivas del ABC de las emociones: Salud mental para las y los jóvenes. Gobierno de México.

Torres Merchán, N. Y., Pachón Barbosa, N. A., Medina Peña, N. A., y Amézquita Vargas, J. C. (2014). Reflexiones críticas sobre la formación del sujeto social en un programa de formación superior. Praxis & Saber, 5(9), 127-147.

Zavala León, M., Pacheco Celaya, A., y López Ibarra, D. (2021). Impacto del contexto social en el rendimiento académico del alumno. En Memorias del XVII Congreso Nacional de Investigación Educativa. COMIE.

 

Eliud Fernández Morales

El bienestar socioemocional y su impacto en el aprendizaje

Introducción

La educación contemporánea enfrenta el desafío de formar personas capaces de desarrollar conocimientos, habilidades, valores y actitudes que les permitan comprender la realidad, convivir con los demás y afrontar los retos de la vida cotidiana, desde esta perspectiva, la educación no puede limitarse a la transmisión de contenidos académicos, sino que debe reconocer la importancia de las emociones en los procesos de aprendizaje, la construcción de la identidad y las relaciones sociales. En este contexto, al inicio del ciclo escolar 2026-2027, se puso en marcha la estrategia nacional de atención a la salud mental y al bienestar socioemocional denominada El ABC de las Emociones.

Esta iniciativa busca generar espacios de confianza para que las y los estudiantes reconozcan, nombren y expresen sus emociones, además de promover la participación de docentes, familias y comunidades en el cuidado de la salud mental. Está dirigida principalmente a estudiantes de tercero de secundaria y de educación media superior, con actividades semanales y materiales de orientación para jóvenes, docentes y personas cuidadoras.

Desde una perspectiva crítica, la implementación de este programa representa una oportunidad para reconocer que el bienestar emocional constituye una condición importante para el desarrollo integral del alumnado, sin embargo, también plantea interrogantes sobre las condiciones institucionales necesarias para su funcionamiento, la formación del personal docente, la participación familiar y la capacidad de las escuelas para responder a las necesidades socioemocionales de sus estudiantes.

El actual ensayo de divide en tres momentos en donde se plasma las características de la estrategia y como es el impacto desde la educación básica, aunque sabemos que no está dirigida a este sector, es importante identificar la importancia de las emociones en toda la educación básica.

 

Desarrollo

Uno de los principales aportes de la NEM consiste en reconocer que las emociones influyen en la manera en que las personas aprenden, toman decisiones y se relacionan con su entorno, el miedo, la tristeza, la frustración, la alegría y la incertidumbre forman parte de la experiencia humana; por ello, la escuela debe constituirse en un espacio donde estas experiencias puedan expresarse con respeto, sin estigmatización ni prejuicios.

Torres (2014, p.132) “abordar el sujeto social en clave histórica, es decir, entendiendo que el sujeto social no es algo dado, sino el resultado de un proceso espacio-temporal alrededor de escenarios vividos, cargados de sentido individual y colectivo que reúnen las experiencias emocionales y afectivas del contexto cultural, configurando así sujetos únicos”. Los seres humanos somos el resultado de una serie de interacciones con nuestro entorno, por lo que las prácticas educativas no deben omitir la parte humana, que es tan esencial e importante, por ello desde el marco de la NEM se busca implementar la estrategia anterior.

Desde los principios de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), esta propuesta puede relacionarse con una concepción humanista de la educación que reconoce al estudiante como un sujeto integral, situado en una comunidad y capaz de participar en la transformación de su realidad. En consecuencia, atender las emociones no debe entenderse como una actividad aislada del proceso educativo, sino como una dimensión vinculada con la convivencia, la inclusión, el pensamiento crítico y la construcción de relaciones basadas en el respeto y la solidaridad.

No obstante, es necesario analizar críticamente la distancia que puede existir entre los propósitos de una política educativa y las condiciones reales de las escuelas. La distribución de materiales y la asignación de una hora semanal para trabajar las emociones constituyen acciones importantes, pero no garantizan por sí mismas una transformación de las relaciones escolares, el impacto de la estrategia dependerá de la manera en que cada comunidad educativa incorpore sus orientaciones a la práctica cotidiana y genere ambientes de confianza.

Torres (2014, p.133) la consolidación de un sujeto social de manera integral se ponen de antemano las relaciones de éste con sus culturas, es decir, abordando dimensiones éticas, estéticas, políticas y ambientales, entre otras, que permiten a través de su interacción el fortalecimiento del mismo sujeto y que, desde su condición humana, como agente educativo y  profesional, desde los condicionantes de las culturas públicas, académicas, sociales y, claro, la propia escolar

Por tanto, una implementación crítica del programa debe evitar que la responsabilidad de resolver los problemas emocionales recaiga únicamente en las niñas, los niños y los adolescentes, es indispensable que las escuelas identifiquen los factores que generan malestar, fortalezcan la convivencia y establezcan mecanismos de acompañamiento y canalización cuando se requiera atención especializada.

La gestión educativa, El ABC de las Emociones representa un desafío para los equipos directivos, pues su implementación requiere organización, liderazgo pedagógico, coordinación institucional y participación comunitaria, la función directiva no debe limitarse a comunicar las disposiciones oficiales o verificar el cumplimiento de las actividades, sino que debe promover condiciones para que el trabajo socioemocional tenga sentido dentro de la vida escolar.

Esto implica generar espacios de diálogo entre docentes, identificar necesidades específicas del alumnado, organizar tiempos de trabajo, favorecer la participación de las familias y establecer vínculos con las instituciones de salud cuando sea necesario, asimismo, requiere considerar las características particulares de cada comunidad, sus recursos disponibles y las situaciones que influyen en el bienestar de los estudiantes.

De igual manera, es necesario reconocer que los docentes también experimentan situaciones de estrés, sobrecarga laboral y dificultades emocionales, por ello, resulta contradictorio exigirles que promuevan ambientes de bienestar sin ofrecerles acompañamiento, formación y condiciones laborales adecuadas la atención socioemocional debe contemplar a toda la comunidad educativa, no únicamente al alumnado.

Un elemento que merece especial atención es la relación entre la educación emocional y el desarrollo del pensamiento crítico, reconocer una emoción constituye un primer paso; sin embargo, comprender por qué surge, analizar sus causas y reflexionar sobre las decisiones que provoca requiere procesos cognitivos más profundos.

Desde esta perspectiva, el programa puede fortalecerse mediante actividades que permitan a los estudiantes analizar situaciones de su vida cotidiana, cuestionar prejuicios, identificar relaciones de violencia, reconocer la influencia de las redes sociales y valorar las consecuencias de sus decisiones, de esta manera, las emociones dejan de abordarse únicamente desde la identificación de sentimientos y se convierten en una oportunidad para desarrollar la reflexión, la autonomía y la responsabilidad.

SEP (2022) El pensamiento crítico formado motiva a las y los estudiantes a realizar un juicio sobre su realidad y ponerla ante el tribunal de la crítica y la argumentación. También implica que niñas, niños y adolescentes serán capaces de examinar la realidad circundante desde una perspectiva que cuestiona los valores Éticos que le dan sentido al mundo (109).

Entre las principales fortalezas de El ABC de las Emociones destaca la incorporación explícita del bienestar socioemocional a la agenda educativa nacional también resulta relevante que contemple materiales diferenciados para estudiantes, docentes y familias, así como acciones de participación comunitaria y orientación para buscar ayuda cuando sea necesario. SEP (2026).

Sin embargo, una valoración crítica exige distinguir entre los recursos implementados y los resultados educativos que se pretende alcanzar. La existencia de guías, campañas y actividades programadas no demuestra por sí sola una mejora sostenida en la salud mental, la convivencia o el aprendizaje. Para determinar sus alcances será necesario observar cómo se desarrolla la estrategia en los planteles y evaluar sus resultados a lo largo del tiempo.

Entre los principales desafíos se encuentran la formación del personal docente, la adaptación de las actividades a los contextos escolares, la disponibilidad de servicios de atención especializada y la participación efectiva de las familias, también es importante que las actividades respeten la privacidad de los estudiantes y eviten obligarlos a compartir experiencias personales para las que no se sienten preparados.

En consecuencia, la evaluación del programa debería considerar no solamente el número de sesiones realizadas o de materiales distribuidos, sino también la percepción de los estudiantes sobre la seguridad y la confianza en el aula, la calidad de las relaciones entre compañeros, la capacidad para resolver conflictos y la existencia de mecanismos efectivos de apoyo.

 

 

 

Conclusión

El análisis crítico de El ABC de las Emociones permite reconocer que la atención al bienestar socioemocional constituye una necesidad educativa y social, su implementación al inicio del ciclo escolar 2026-2027 representa una oportunidad para fortalecer una visión de la educación que reconozca la relación entre las emociones, el aprendizaje y la convivencia.

No obstante, su verdadero valor no dependerá únicamente de su presencia en los documentos oficiales, sino de la capacidad de las comunidades escolares para convertir sus propósitos en prácticas cotidianas de escucha, respeto, inclusión y acompañamiento desde la Nueva Escuela Mexicana, la educación emocional debe contribuir a formar estudiantes capaces de comprenderse a sí mismos, reconocer a los demás y participar responsablemente en la transformación de su entorno.

Desde la gestión educativa, esto implica asumir que el bienestar no se construye mediante acciones aisladas, sino a través de decisiones organizativas, relaciones humanas y compromisos compartidos, también supone reconocer que el pensamiento crítico y la educación emocional pueden complementarse para que los estudiantes no solo identifiquen lo que sienten, sino que comprendan las causas de sus emociones y desarrollen alternativas responsables frente a los problemas que enfrentan.

En definitiva, el desafío consiste en transitar de una educación que tradicionalmente ha privilegiado los resultados académicos hacia una formación integral que considere a la persona en todas sus dimensiones, una escuela que escucha, comprende y acompaña emocionalmente a sus estudiantes crea mejores condiciones para aprender y convivir; sin embargo, para lograrlo necesita docentes preparados, directivos comprometidos, familias participantes e instituciones capaces de responder a las necesidades de la comunidad, solo mediante este esfuerzo colectivo será posible que El ABC de las Emociones trascienda su carácter de estrategia educativa y contribuya a construir ambientes escolares más humanos, críticos, inclusivos y democráticos.

Referencias

Leon (S/F) Immpacto del contexto social en el rendimiento académico. Congreso nacional de investigación educativa. CDMX.

Torres M. Nidia Y. Medina N. Amézquita N. (2014) REFLEXIONES CRÍTICAS  SOBRE LA FORMACIÓN  DEL SUJETO SOCIAL  EN UN PROGRAMA DE  FORMACIÓN SUPERIOR, Praxis & Saber, vol. 5, núm. 9, enero-junio, 2014, pp. 127-147, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Colombia.

Secretaría de Educación Pública. (2024). PROGRAMA DE ESTUDIO PARA LA EDUCACIÓN PRIMARIA: PROGRAMA SINTÉTICDE FASE 5, pp. 9-96

SEP (2026). Orientaciones. El ABC de las emociones. CDMX.