viernes, 30 de octubre de 2026

El ABC de las emociones: desafíos y corresponsabilidades para una educación integral.

 

La educación integral constituye uno de los principios fundamentales de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), al reconocer que los procesos educativos deben trascender la adquisición de conocimientos académicos y favorecer el desarrollo humano, social y emocional de los estudiantes. En este contexto, la estrategia El ABC de las emociones, presentada al inicio del ciclo escolar 2026-2027, busca fortalecer el reconocimiento, la expresión y la regulación de las emociones en educación básica. Si bien esta propuesta resulta pertinente ante las necesidades socioemocionales presentes en las escuelas, su implementación plantea interrogantes sobre la preparación del colectivo docente, las condiciones institucionales y la participación de las familias en los procesos formativos.

El presente ensayo tiene como propósito analizar críticamente las aportaciones y desafíos de El ABC de las emociones, desde una perspectiva que reconoce la importancia de la educación socioemocional, pero también la necesidad de establecer responsabilidades compartidas para su desarrollo.

La educación socioemocional como parte de la formación integral

La Secretaría de Educación Pública (SEP, 2026) plantea El ABC de las emociones como una estrategia orientada al fortalecimiento de habilidades socioemocionales, reconociendo su importancia en el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes. Entre sus propuestas se encuentran actividades colectivas que favorecen la identificación de emociones, la empatía, la autorregulación y la convivencia escolar (SEP, 2026). Estas actividades representan una oportunidad para reconocer que las emociones forman parte de los procesos educativos y que su atención no debe reducirse a procurar estados permanentes de felicidad, sino a desarrollar habilidades para comprender, expresar y regular diferentes experiencias emocionales.

Sin embargo, el desarrollo socioemocional difícilmente puede consolidarse mediante actividades aisladas. Requiere continuidad, articulación curricular y ambientes escolares que favorezcan la confianza, el respeto y la participación. Por ello, la pertinencia de la estrategia debe analizarse no solamente desde sus propósitos, sino también desde las condiciones que posibilitan su implementación.

La formación docente y los desafíos de la práctica educativa

Uno de los principales desafíos de El ABC de las emociones se relaciona con la formación inicial y continua de los maestros. Aunque las emociones siempre han estado presentes en los procesos educativos, su reconocimiento explícito como parte de la formación integral demanda conocimientos y herramientas pedagógicas que no necesariamente forman parte de todas las trayectorias profesionales docentes. Desde mi experiencia como formadora de docentes, identifico que la Licenciatura en Educación Primaria contempla el curso Desarrollo socioemocional y aprendizaje. No obstante, resulta pertinente cuestionar si los espacios formativos existentes permiten desarrollar las competencias necesarias para abordar situaciones emocionales complejas, particularmente aquellas que trascienden las posibilidades de intervención pedagógica.

A ello se suman concepciones tradicionales de la docencia que continúan privilegiando determinados aprendizajes académicos y relegando la dimensión emocional a un lugar secundario. Esta situación puede manifestarse incluso en las instituciones formadoras, donde persisten dificultades para reconocer la relación entre las emociones y el aprendizaje. Sin embargo, sería limitado atribuir estas dificultades exclusivamente a la resistencia docente. 

Las responsabilidades administrativas, las condiciones laborales y las posibles insuficiencias en la formación continua también deben considerarse. Por tanto, implementar una estrategia socioemocional exige más que distribuir materiales didácticos: requiere acompañamiento pedagógico, capacitación y procedimientos claros de actuación. Asimismo, es indispensable reconocer los límites de la intervención docente. Promover la expresión emocional no equivale a proporcionar atención psicológica especializada. Cuando se identifican situaciones que exceden las competencias pedagógicas, deben existir mecanismos de protección, seguimiento y canalización profesional.

La corresponsabilidad entre escuela y familia

Otro desafío fundamental es la corresponsabilidad entre las instituciones educativas y las familias. Las transformaciones sociales, económicas y culturales han modificado las dinámicas familiares, las prácticas de crianza y las posibilidades de acompañamiento de niñas, niños y adolescentes. En este escenario, es necesario reflexionar sobre la transferencia de responsabilidades relacionadas con la formación emocional y conductual hacia las escuelas. No obstante, este fenómeno no puede explicarse únicamente por una menor participación familiar, pues también intervienen condiciones laborales, económicas y sociales que influyen en las oportunidades de convivencia y acompañamiento.

Desde esta perspectiva, El ABC de las emociones representa una oportunidad para fortalecer la educación socioemocional, pero su alcance dependerá también de la articulación entre escuela y familia. Ambas participan en la formación integral desde funciones diferenciadas y complementarias, sin que una deba sustituir las responsabilidades de la otra. El ABC de las emociones constituye una iniciativa pertinente para fortalecer la dimensión socioemocional de la educación básica. Sus propuestas didácticas permiten reconocer que las emociones forman parte de la experiencia educativa y que su atención es necesaria para avanzar hacia una formación integral.

Sin embargo, su implementación enfrenta desafíos relacionados con la preparación docente, las condiciones institucionales, las concepciones tradicionales sobre la enseñanza y la participación de las familias. Estas dificultades evidencian que las transformaciones educativas no dependen exclusivamente de la pertinencia de los programas, sino también de las posibilidades reales para desarrollarlos. Resulta indispensable reconocer que la educación socioemocional forma parte de la responsabilidad pedagógica, pero no debe confundirse con la atención psicológica especializada.

Del mismo modo, la escuela no puede asumir de manera exclusiva responsabilidades formativas que requieren la participación familiar y el acompañamiento de otras instancias. En consecuencia, el verdadero desafío no consiste únicamente en incorporar actividades para reconocer y expresar emociones, sino en construir condiciones institucionales y mecanismos de corresponsabilidad que permitan atender esta dimensión de manera sistemática, pertinente y responsable. Reconocer la importancia de las emociones en la escuela es necesario; garantizar las condiciones para acompañarlas constituye el reto fundamental de una educación verdaderamente integral.

Referencias bibliográficas

    Secretaría de Educación Pública. (2026). El ABC de las emociones en educación básica. 

    Secretaría de Educación Pública. (2026b). Actividades colectivas del ABC de las emociones.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario