miércoles, 28 de octubre de 2026

Escuela, familia y contexto: claves para un aprendizaje significativo en secundaria

 

Escuela, familia y contexto: claves para un aprendizaje significativo en secundaria

Ana Celia Chávez Gutiérrez

Artículo de divulgación educativa

 

Introducción

¿Qué puede estar viviendo un estudiante que deja de entregar tareas, permanece callado durante la clase o parece haber perdido el interés por aprender? La respuesta inmediata suele centrarse en su desempeño: se piensa que no estudia, que no se esfuerza o que la asignatura no le interesa. Sin embargo, la vida escolar no está separada de lo que ocurre fuera del salón. Las relaciones familiares, las condiciones económicas, las experiencias de la comunidad y el estado emocional pueden influir en la manera en que cada adolescente participa y aprende.

Comprender al alumnado requiere mirar más allá de una calificación o una conducta aislada. No significa justificar todas las dificultades ni reducir las expectativas académicas, sino reconocer que cada estudiante llega a la escuela con una historia, necesidades, capacidades y circunstancias particulares. Desde esta mirada, la relación entre escuela, familia y comunidad no es un complemento del trabajo educativo: constituye una condición importante para construir aprendizajes con sentido.

Este artículo reflexiona sobre ese vínculo a partir de planteamientos de la Nueva Escuela Mexicana, investigaciones relacionadas con el contexto social y experiencias de la práctica docente en proyectos STEAM de Física y Química. Asimismo, plantea acciones concretas para que la colaboración entre los distintos actores de la comunidad educativa se traduzca en un acompañamiento más cercano e integral de los adolescentes.

El estudiante es también un sujeto social y cultural

Torres Merchán et al. (2014) plantean que el sujeto social se forma mediante procesos históricos y culturales. La escuela es uno de los espacios donde conviven experiencias, valores y maneras distintas de interpretar la realidad. Por eso, el aprendizaje no ocurre en el vacío: se relaciona con los saberes que los estudiantes han construido en su hogar y en su comunidad, así como con las oportunidades y los retos que encuentran en su vida cotidiana.

Esta perspectiva coincide con la orientación de la Nueva Escuela Mexicana, que reconoce al alumnado como una persona con dimensiones sociales, morales, políticas y económicas, y propone una formación integral vinculada con su contexto (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2019). Llevar este principio a la práctica implica interesarse por quiénes son los estudiantes, qué conocen, qué les preocupa y de qué manera pueden relacionar los contenidos escolares con su realidad. También exige evitar etiquetas que conviertan una dificultad temporal en una definición de la persona: un estudiante no es “irresponsable” por una tarea que no entregó, del mismo modo que una calificación no resume todo lo que sabe o puede llegar a desarrollar.

Conocer el contexto tampoco significa invadir la privacidad familiar ni suponer que el docente puede resolver por sí solo todas las dificultades sociales. Significa observar, escuchar, establecer una comunicación respetuosa y utilizar la información pertinente para tomar decisiones pedagógicas. A partir de ello, es posible ofrecer apoyos oportunos, ajustar estrategias y crear un ambiente donde pedir ayuda no se perciba como una señal de fracaso.

La familia: una aliada en el proceso de aprendizaje

La familia suele ser uno de los primeros espacios donde niñas, niños y adolescentes desarrollan hábitos, formas de comunicación, valores y expectativas sobre el futuro. Su participación puede contribuir al bienestar y al seguimiento de la trayectoria escolar, aunque las posibilidades de acompañamiento no son iguales en todos los hogares. Las jornadas laborales, las condiciones económicas, el acceso a recursos y las experiencias previas con la escuela pueden influir en la manera en que madres, padres o tutores participan.

Zavala León et al. (2023) reportaron una correlación positiva de 0.41 entre contexto social y rendimiento académico en un grupo de trece estudiantes de tercer grado de primaria en Sonora. La ponencia señaló la relación entre algunas condiciones económicas y de comunicación familiar y la vulnerabilidad ante el bajo aprovechamiento. Estos resultados deben interpretarse con cautela: el grupo estudiado fue pequeño y correspondió a educación primaria, por lo que no es adecuado generalizarlos directamente a todos los adolescentes de secundaria. Aun así, el estudio ofrece un motivo para considerar cómo se relacionan las condiciones de vida y la experiencia educativa.

En secundaria, la comunicación puede complicarse porque cada docente atiende varios grupos y numerosos estudiantes. Por ello, es importante que el contacto con las familias no ocurra únicamente cuando hay una calificación reprobatoria, una falta o un conflicto. Compartir avances, reconocer esfuerzos y conversar sobre estrategias de apoyo ayuda a construir confianza. El diálogo debe partir del respeto y no de la culpabilización: las familias son aliadas, pero también enfrentan circunstancias y limitaciones que la escuela necesita comprender.

La Nueva Escuela Mexicana y el aprendizaje conectado con la realidad

La SEP (2019) destaca la importancia de una gestión escolar participativa y de considerar el contexto del alumnado al organizar el trabajo educativo. Esta orientación se relaciona con el artículo 3.º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establece principios para una educación integral e inclusiva y señala la relevancia de los contextos regionales y locales (Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, 2026). En términos cotidianos, esto invita a preguntarnos no solo qué contenidos se deben enseñar, sino también cómo pueden dialogar con las experiencias de quienes aprenden.

Vincular los contenidos con el entorno no significa sustituir el conocimiento científico por opiniones ni reducir el rigor académico. Por el contrario, ofrece oportunidades para formular preguntas, contrastar información, observar fenómenos y aplicar conceptos. Cuando los estudiantes identifican una relación entre lo que estudian y una situación de su vida, pueden encontrar motivos más claros para participar y comprender la utilidad de lo aprendido.

En mi práctica docente, los proyectos STEAM de Física y Química me han permitido observar el potencial de comenzar con preguntas cercanas a los adolescentes. La construcción de prototipos tecnológicos, como en experiencias de trabajo vinculadas con “El casino de la ciencia”, abre oportunidades para investigar, experimentar, colaborar y resolver problemas. Estas actividades pueden ayudar a que los conceptos científicos dejen de percibirse como información distante y se conviertan en herramientas para explicar fenómenos o proponer soluciones. La experiencia docente no constituye por sí sola una investigación generalizable, pero sí aporta observaciones valiosas para reflexionar y mejorar la enseñanza.

El bienestar socioemocional también forma parte de aprender

Aprender requiere atención, participación y disposición para enfrentar errores y desafíos. Cuando un adolescente se siente excluido, inseguro o poco escuchado, puede resultarle más difícil involucrarse en las actividades escolares. Por ello, la dimensión socioemocional debe considerarse parte del trabajo educativo, sin reemplazar los aprendizajes académicos ni convertir al docente en especialista clínico.

La estrategia “El ABC de las emociones” propone actividades colectivas para que estudiantes reconozcan y expresen lo que sienten en un entorno de escucha (Subsecretaría de Educación Media Superior [SEMS], 2026; Espejel, 2026). Actividades como elaborar un mapa de emociones pueden abrir conversaciones sobre situaciones cotidianas y favorecer el reconocimiento de los propios sentimientos. Su valor, sin embargo, depende de cómo se incorporen a la vida escolar. Una sesión aislada no construye por sí misma una relación de confianza; esta se desarrolla con la escucha cotidiana, el trato digno y la certeza de que las inquietudes serán atendidas sin burlas ni juicios apresurados.

También es necesario reconocer los límites del acompañamiento docente. Ante situaciones que requieren atención especializada o ponen en riesgo el bienestar del estudiante, la escuela debe activar los canales institucionales correspondientes. Escuchar y acompañar es fundamental, pero no significa asumir responsabilidades para las que no se cuenta con preparación ni recursos.

Acciones concretas para fortalecer el vínculo

La colaboración entre escuela, familia y comunidad se construye mediante prácticas constantes, no solo con declaraciones generales. Algunas acciones posibles son:

·         Establecer una comunicación preventiva con las familias, que incluya mensajes sobre avances y logros, además de avisos cuando surge una dificultad.

·         Ofrecer distintas formas de contacto, considerando horarios, acceso a tecnología y condiciones de cada hogar.

·         Utilizar espacios de trabajo colegiado y del Consejo Técnico Escolar para analizar necesidades del grupo y acordar estrategias de acompañamiento, además de revisar resultados académicos.

·         Diseñar proyectos vinculados con situaciones del entorno para que los estudiantes investiguen, experimenten y propongan soluciones con fundamento.

·         Promover en el aula la escucha respetuosa, la participación, la colaboración y la posibilidad de equivocarse sin humillación.

·         Dar seguimiento a los acuerdos y revisar si las acciones realmente ayudan, en lugar de mantener actividades solo por cumplir con una indicación.

Estas acciones no eliminan por sí solas las desigualdades ni garantizan que todos los problemas se resuelvan. Su aportación consiste en mejorar la capacidad de la escuela para detectar necesidades, coordinar apoyos y crear experiencias de aprendizaje pertinentes. Además, deben aplicarse con flexibilidad, porque no existe una única estrategia que funcione de la misma manera en todos los grupos y comunidades.

Conclusión

El aprendizaje significativo se construye en la intersección entre el aula, el hogar y la comunidad. Por eso, cuando un estudiante deja de entregar tareas, participa poco o parece desmotivado, conviene evitar las conclusiones inmediatas y abrir un espacio para escuchar, observar y comprender. Mirar el contexto no reduce la responsabilidad académica; permite acompañar mejor al estudiante para que pueda asumirla y avanzar.

A los equipos directivos les corresponde generar condiciones para el diálogo y el trabajo colegiado; a los docentes, diseñar experiencias relevantes y sostener relaciones respetuosas; y a las familias y comunidades, participar desde sus posibilidades y necesidades. Esta responsabilidad es compartida, aunque no todos los actores tengan los mismos recursos ni las mismas funciones. Cuando existe comunicación continua, sensibilidad ante las circunstancias y compromiso con el aprendizaje, la educación integral deja de ser solo un principio y puede convertirse en una práctica cotidiana. En definitiva, enseñar también significa reconocer a la persona que aprende y construir, junto con ella, las condiciones para que pueda desarrollar sus capacidades.

Referencias

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. (2026). Artículo 3.º. Última reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 3 de marzo de 2026. Cámara de Diputados. https://investigacion.uam.mx/pdf/normativas/nac/art3.pdf

Espejel, R. (2026, 5 de octubre). SEP distribuye «El ABC de las Emociones» en escuelas: ¿qué contienen los folletos y a quiénes van dirigidos? Uno TV. https://www.unotv.com/nacional/sep-abc-emociones-folletos-estudiantes-docentes-familias/

Secretaría de Educación Pública. (2019). La Nueva Escuela Mexicana: principios y orientaciones pedagógicas. SEP.

Subsecretaría de Educación Media Superior. (2026). El ABC de las emociones: Orientaciones para implementar las actividades colectivas [Presentación]. https://dgb.sep.gob.mx/storage/recursos/2026/05/rhoZVUvGS1-PRESENTACION-ACTIVIDADES-COLECTIVAS.pdf

Torres Merchán, N. Y., Pachón Barbosa, N. A., Medina Peña, N. A., & Amézquita Vargas, J. C. (2014). Reflexiones críticas sobre la formación del sujeto social en un programa de formación superior. Praxis & Saber, 5(9), 127–147. https://revistas.uptc.edu.co/index.php/praxis_saber/article/view/2997

Zavala León, Pacheco Celaya, & López Ibarra. (2023, 4–8 de diciembre). Impacto del contexto social en el rendimiento académico del alumno [Ponencia]. XVII Congreso Nacional de Investigación Educativa, Villahermosa, Tabasco, México. Consejo Mexicano de Investigación Educativa. https://comie.org.mx/congreso/memoriaelectronica/v17/doc/1311.pdf

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