Escuela, familia y contexto: claves para un aprendizaje
significativo en secundaria
Ana Celia Chávez Gutiérrez
Artículo de
divulgación educativa
Introducción
¿Qué puede estar viviendo un estudiante que deja de entregar tareas,
permanece callado durante la clase o parece haber perdido el interés por
aprender? La respuesta inmediata suele centrarse en su desempeño: se piensa que
no estudia, que no se esfuerza o que la asignatura no le interesa. Sin embargo,
la vida escolar no está separada de lo que ocurre fuera del salón. Las relaciones
familiares, las condiciones económicas, las experiencias de la comunidad y el
estado emocional pueden influir en la manera en que cada adolescente participa
y aprende.
Comprender al alumnado requiere mirar más allá de una calificación o
una conducta aislada. No significa justificar todas las dificultades ni reducir
las expectativas académicas, sino reconocer que cada estudiante llega a la
escuela con una historia, necesidades, capacidades y circunstancias
particulares. Desde esta mirada, la relación entre escuela, familia y comunidad
no es un complemento del trabajo educativo: constituye una condición importante
para construir aprendizajes con sentido.
Este artículo reflexiona sobre ese vínculo a partir de
planteamientos de la Nueva Escuela Mexicana, investigaciones relacionadas con
el contexto social y experiencias de la práctica docente en proyectos STEAM de
Física y Química. Asimismo, plantea acciones concretas para que la colaboración
entre los distintos actores de la comunidad educativa se traduzca en un
acompañamiento más cercano e integral de los adolescentes.
El estudiante es también un sujeto social y cultural
Torres Merchán et al. (2014) plantean que el sujeto social se forma
mediante procesos históricos y culturales. La escuela es uno de los espacios
donde conviven experiencias, valores y maneras distintas de interpretar la
realidad. Por eso, el aprendizaje no ocurre en el vacío: se relaciona con los
saberes que los estudiantes han construido en su hogar y en su comunidad, así
como con las oportunidades y los retos que encuentran en su vida cotidiana.
Esta perspectiva coincide con la orientación de la Nueva Escuela
Mexicana, que reconoce al alumnado como una persona con dimensiones sociales,
morales, políticas y económicas, y propone una formación integral vinculada con
su contexto (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2019). Llevar este
principio a la práctica implica interesarse por quiénes son los estudiantes,
qué conocen, qué les preocupa y de qué manera pueden relacionar los contenidos escolares
con su realidad. También exige evitar etiquetas que conviertan una dificultad
temporal en una definición de la persona: un estudiante no es “irresponsable”
por una tarea que no entregó, del mismo modo que una calificación no resume
todo lo que sabe o puede llegar a desarrollar.
Conocer el contexto tampoco significa invadir la privacidad familiar
ni suponer que el docente puede resolver por sí solo todas las dificultades
sociales. Significa observar, escuchar, establecer una comunicación respetuosa
y utilizar la información pertinente para tomar decisiones pedagógicas. A
partir de ello, es posible ofrecer apoyos oportunos, ajustar estrategias y
crear un ambiente donde pedir ayuda no se perciba como una señal de fracaso.
La familia: una aliada en el proceso de aprendizaje
La familia suele ser uno de los primeros espacios donde niñas, niños
y adolescentes desarrollan hábitos, formas de comunicación, valores y
expectativas sobre el futuro. Su participación puede contribuir al bienestar y
al seguimiento de la trayectoria escolar, aunque las posibilidades de
acompañamiento no son iguales en todos los hogares. Las jornadas laborales, las
condiciones económicas, el acceso a recursos y las experiencias previas con la
escuela pueden influir en la manera en que madres, padres o tutores participan.
Zavala León et al. (2023) reportaron una correlación positiva de
0.41 entre contexto social y rendimiento académico en un grupo de trece
estudiantes de tercer grado de primaria en Sonora. La ponencia señaló la
relación entre algunas condiciones económicas y de comunicación familiar y la
vulnerabilidad ante el bajo aprovechamiento. Estos resultados deben
interpretarse con cautela: el grupo estudiado fue pequeño y correspondió a
educación primaria, por lo que no es adecuado generalizarlos directamente a
todos los adolescentes de secundaria. Aun así, el estudio ofrece un motivo para
considerar cómo se relacionan las condiciones de vida y la experiencia
educativa.
En secundaria, la comunicación puede complicarse porque cada docente
atiende varios grupos y numerosos estudiantes. Por ello, es importante que el
contacto con las familias no ocurra únicamente cuando hay una calificación
reprobatoria, una falta o un conflicto. Compartir avances, reconocer esfuerzos
y conversar sobre estrategias de apoyo ayuda a construir confianza. El diálogo
debe partir del respeto y no de la culpabilización: las familias son aliadas,
pero también enfrentan circunstancias y limitaciones que la escuela necesita
comprender.
La Nueva Escuela Mexicana y el aprendizaje conectado con la
realidad
La SEP (2019) destaca la importancia de una gestión escolar
participativa y de considerar el contexto del alumnado al organizar el trabajo
educativo. Esta orientación se relaciona con el artículo 3.º de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establece principios para una
educación integral e inclusiva y señala la relevancia de los contextos
regionales y locales (Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,
2026). En términos cotidianos, esto invita a preguntarnos no solo qué
contenidos se deben enseñar, sino también cómo pueden dialogar con las
experiencias de quienes aprenden.
Vincular los contenidos con el entorno no significa sustituir el
conocimiento científico por opiniones ni reducir el rigor académico. Por el
contrario, ofrece oportunidades para formular preguntas, contrastar
información, observar fenómenos y aplicar conceptos. Cuando los estudiantes
identifican una relación entre lo que estudian y una situación de su vida, pueden
encontrar motivos más claros para participar y comprender la utilidad de lo
aprendido.
En mi práctica docente, los proyectos STEAM de Física y Química me
han permitido observar el potencial de comenzar con preguntas cercanas a los
adolescentes. La construcción de prototipos tecnológicos, como en experiencias
de trabajo vinculadas con “El casino de la ciencia”, abre oportunidades para
investigar, experimentar, colaborar y resolver problemas. Estas actividades
pueden ayudar a que los conceptos científicos dejen de percibirse como
información distante y se conviertan en herramientas para explicar fenómenos o
proponer soluciones. La experiencia docente no constituye por sí sola una
investigación generalizable, pero sí aporta observaciones valiosas para reflexionar
y mejorar la enseñanza.
El bienestar socioemocional también forma parte de aprender
Aprender requiere atención, participación y disposición para
enfrentar errores y desafíos. Cuando un adolescente se siente excluido,
inseguro o poco escuchado, puede resultarle más difícil involucrarse en las
actividades escolares. Por ello, la dimensión socioemocional debe considerarse
parte del trabajo educativo, sin reemplazar los aprendizajes académicos ni
convertir al docente en especialista clínico.
La estrategia “El ABC de las emociones” propone actividades
colectivas para que estudiantes reconozcan y expresen lo que sienten en un
entorno de escucha (Subsecretaría de Educación Media Superior [SEMS], 2026;
Espejel, 2026). Actividades como elaborar un mapa de emociones pueden abrir
conversaciones sobre situaciones cotidianas y favorecer el reconocimiento de
los propios sentimientos. Su valor, sin embargo, depende de cómo se incorporen
a la vida escolar. Una sesión aislada no construye por sí misma una relación de
confianza; esta se desarrolla con la escucha cotidiana, el trato digno y la
certeza de que las inquietudes serán atendidas sin burlas ni juicios
apresurados.
También es necesario reconocer los límites del acompañamiento
docente. Ante situaciones que requieren atención especializada o ponen en
riesgo el bienestar del estudiante, la escuela debe activar los canales
institucionales correspondientes. Escuchar y acompañar es fundamental, pero no
significa asumir responsabilidades para las que no se cuenta con preparación ni
recursos.
Acciones concretas para fortalecer el vínculo
La colaboración entre escuela, familia y comunidad se construye
mediante prácticas constantes, no solo con declaraciones generales. Algunas
acciones posibles son:
·
Establecer una comunicación
preventiva con las familias, que incluya mensajes sobre avances y logros,
además de avisos cuando surge una dificultad.
·
Ofrecer distintas formas de
contacto, considerando horarios, acceso a tecnología y condiciones de cada
hogar.
·
Utilizar espacios de trabajo
colegiado y del Consejo Técnico Escolar para analizar necesidades del grupo y
acordar estrategias de acompañamiento, además de revisar resultados académicos.
·
Diseñar proyectos vinculados
con situaciones del entorno para que los estudiantes investiguen, experimenten
y propongan soluciones con fundamento.
·
Promover en el aula la escucha
respetuosa, la participación, la colaboración y la posibilidad de equivocarse
sin humillación.
·
Dar seguimiento a los acuerdos
y revisar si las acciones realmente ayudan, en lugar de mantener actividades
solo por cumplir con una indicación.
Estas acciones no eliminan por sí solas las desigualdades ni
garantizan que todos los problemas se resuelvan. Su aportación consiste en
mejorar la capacidad de la escuela para detectar necesidades, coordinar apoyos
y crear experiencias de aprendizaje pertinentes. Además, deben aplicarse con
flexibilidad, porque no existe una única estrategia que funcione de la misma
manera en todos los grupos y comunidades.
Conclusión
El aprendizaje significativo se construye en la intersección entre
el aula, el hogar y la comunidad. Por eso, cuando un estudiante deja de
entregar tareas, participa poco o parece desmotivado, conviene evitar las
conclusiones inmediatas y abrir un espacio para escuchar, observar y
comprender. Mirar el contexto no reduce la responsabilidad académica; permite
acompañar mejor al estudiante para que pueda asumirla y avanzar.
A los equipos directivos les corresponde generar condiciones para el
diálogo y el trabajo colegiado; a los docentes, diseñar experiencias relevantes
y sostener relaciones respetuosas; y a las familias y comunidades, participar
desde sus posibilidades y necesidades. Esta responsabilidad es compartida,
aunque no todos los actores tengan los mismos recursos ni las mismas funciones.
Cuando existe comunicación continua, sensibilidad ante las circunstancias y
compromiso con el aprendizaje, la educación integral deja de ser solo un
principio y puede convertirse en una práctica cotidiana. En definitiva, enseñar
también significa reconocer a la persona que aprende y construir, junto con
ella, las condiciones para que pueda desarrollar sus capacidades.
Referencias
Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos. (2026). Artículo 3.º. Última reforma
publicada en el Diario Oficial de la Federación el 3 de marzo de 2026. Cámara
de Diputados. https://investigacion.uam.mx/pdf/normativas/nac/art3.pdf
Espejel,
R. (2026, 5 de octubre). SEP distribuye «El ABC de las Emociones» en escuelas:
¿qué contienen los folletos y a quiénes van dirigidos? Uno TV.
https://www.unotv.com/nacional/sep-abc-emociones-folletos-estudiantes-docentes-familias/
Secretaría
de Educación Pública. (2019). La Nueva Escuela Mexicana: principios y
orientaciones pedagógicas. SEP.
Subsecretaría
de Educación Media Superior. (2026). El ABC de las emociones: Orientaciones
para implementar las actividades colectivas [Presentación].
https://dgb.sep.gob.mx/storage/recursos/2026/05/rhoZVUvGS1-PRESENTACION-ACTIVIDADES-COLECTIVAS.pdf
Torres
Merchán, N. Y., Pachón Barbosa, N. A., Medina Peña, N. A., & Amézquita
Vargas, J. C. (2014). Reflexiones críticas sobre la formación del sujeto social
en un programa de formación superior. Praxis & Saber, 5(9), 127–147.
https://revistas.uptc.edu.co/index.php/praxis_saber/article/view/2997
Zavala
León, Pacheco Celaya, & López Ibarra. (2023, 4–8 de diciembre). Impacto del
contexto social en el rendimiento académico del alumno [Ponencia]. XVII
Congreso Nacional de Investigación Educativa, Villahermosa, Tabasco, México.
Consejo Mexicano de Investigación Educativa.
https://comie.org.mx/congreso/memoriaelectronica/v17/doc/1311.pdf
No hay comentarios.:
Publicar un comentario