domingo, 21 de septiembre de 2025

El papel de las emociones en el ámbito escolar



Gustavo Loera Castillo

El papel de las emociones en el ámbito escolar

En mi época de estudiante de educación básica, hace aproximadamente treinta años, compartía una gran preocupación con mis padres, amigos, maestros, directivos y sistema educativo mexicano; obtener buenas notas, preferiblemente diez, y estar en el cuadro de honor. Era el tema prioritario para la educación, sin importar cómo me sentía en el espacio escolar. En la transición hacia la secundaria, se fueron experimentado nuevas sensaciones y emociones que influían en mi estado de ánimo y, por ende, en lo académico.
Ya han pasado varios años desde esa experiencia acompañadas de varias reformas educativas que se seguían enfocando en el conocimiento. Sin embargo, la educación tuvo una sacudida tan fuerte que se comprendió que lo académico pasaría un segundo plano, me refiero a la llegada del COVID-19.

El virus vino a cambiar la vida por completo, desde el cierre de los espacios públicos hasta las escuelas para preservar la salud y la vida de las niñas, niños y adolescentes. Nos enseñó que lo que realmente importa es el aspecto socioemocional. ¿De qué serviría tener alumnos de excelencia, sino saben identificar sus emociones y manejarlas?
Las disciplinas que consideramos de menor relevancia en comparación con las matemáticas, las ciencias y la lengua fueron las que cobraron protagonismo: las artes, lo socioemocional, tutoría y educación física. 
¿Por qué el sistema educativo mexicano tuvo que esperar a que pasara este fenómeno para reconocer que verdaderamente el aspecto emocional es tan importante como lo cognitivo? ¿cómo lograr un desarrollo integral si no incluimos diferentes dimensiones del ser humano? En este artículo se explora la importancia de reconocer las emociones, así como el papel que juegan en la educación y su impacto en la mejora de los aprendizajes.
 
La pandemia dejó en claro que la salud y las emociones son temas que merecen ser atendidos primordialmente, pero ¿qué papel juegan las emociones en la educación? ¿de qué manera se relacionan con el desempeño académico? En mis años de experiencia docente en el subsistema de telesecundaria he visto que la educación se centraba en los conocimientos y habilidades, lo cual era más evidente cuando se presentaban evaluaciones externas como ENLACE o PISA, donde el enfoque era reforzar contenidos para obtener mejores resultados y no quedar en los últimos lugares. Después de la pandemia, comprendí que estar bien física y mentalmente tiene un impacto significativo en el aprendizaje de las y los adolescentes.  

Este enfoque, centrado únicamente en lo cognitivo, ignora que el aprendizaje es un proceso integral. El estilo de aprendizaje de una persona no sólo depende de sus habilidades cognitivas, sino que también involucra “áreas cognitivas y emocionales”. La educación emocional ha emergido como una necesidad urgente, ya que, si bien se considera que vivimos en la “sociedad del conocimiento”, también coexiste con la “sociedad riesgo”. Como señalan Fernández Berrocal y Extremera (2005), muchos de los problemas que enfrentan los adolescentes, como accidentes o embarazos no deseados, no se deben a una falta de información, sino a una “falta de habilidades emocionales y sociales para afrontar y resolver los dilemas de su vida cotidiana”.

Ante estos desafíos, las instituciones educativas han reconocido la necesidad de que los estudiantes adquieran habilidades no cognitivas y asumido la doble misión de educar tanto la “cabeza como el corazón”. Esta perspectiva va de la mano con la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner. Esta propuesta rompe con el “paradigma tradicional de inteligencia como única y general” y propone que los humanos puedan conocer el mundo de ocho maneras diferentes. De estas, la inteligencia Interpersonal (habilidad para reconocer y gestionar las propias emociones) y la interpersonal (habilidad para reconocer las emociones de los demás) tiene una relevancia fundamental en el ámbito educativo. El autor sugiere que las personas exitosas tienen la capacidad de reflexionar sobre sus propias experiencias para “identificar sus propias cualidades y debilidades”. La educación emocional es clave para desarrollar estas habilidades, preparando a los alumnos no sólo para el éxito académico, sino para una adaptación global en un mundo cambiante.

Los desafíos que enfrentamos en la actualidad en educación básica, evidenciados por la crisis de salud global, han puesto en primer plano la importancia de un enfoque educativo que trascienda la mera acumulación de conocimientos. La escuela, que tradicionalmente ha monopolizado la educación, ya no es la única institución que forma a los individuos. En este contexto, el desarrollo de las competencias emocionales y sociales se han vuelto crucial como el dominio de las disciplinas académicas.
Adoptar la educación emocional como un pilar fundamental de la formación integral de los estudiantes es imprescindible. Esto está en línea con el informe de la UNESCO sobre la educación en el siglo XXI, que establece que la educación debe estructurarse en torno a cuatro aprendizajes fundamentales: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Los dos últimos pilares, están directamente relacionados con la educación socioemocional, ya que implican el desarrollo de aptitudes, actitudes y habilidades que permitan la convivencia y la comprensión entre las personas.

En conclusión, la integración del ambiente emocional en el aprendizaje escolar ya no es un tema secundario. Es una necesidad primordial para formar individuos competentes, completos y capaces de enfrentar los retos de la vida moderna. Al reconocer el papel vital de las emociones, la educación puede dejar de ser una simple transmisión de conocimientos para convertirse en un verdadero proceso de desarrollo humano integral.



Referencias 

Fernández Berrocal, P & Extremera Pacheco, N. (2005). La inteligencia Emocional y la educación de las emociones desde el Modelo de Mayer y Salovey. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 19 (3), 63-93.

Froufe Quintas, S. (1997). Los ámbitos de intervención en la educación social. Aula, 9, 179-200.

Macías, M. A, (2002). Las múltiples inteligencias. Psicología desde el Caribe, 10, 27-38.

Varela Ruiz, M. E. (2006). Estilos de aprendizaje. En O. Flores Herrera, E. Rendón Huerta, I. Velázquez & J. Oria Hernández (Eds.), Mensaje Bioquímico, Vol. XXX (pp. 1-28) Departamento de Bioquímica, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México. 
 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario