sábado, 31 de octubre de 2026

El ABC de las emociones: una responsabilidad compartida

Ana Alejandra Carrera Delgado

Introducción

Aprender no consiste únicamente en adquirir conocimientos académicos. También implica reconocer lo que sentimos, comprender cómo las emociones influyen en nuestras decisiones y desarrollar formas respetuosas de relacionarnos con los demás. La salud mental es un derecho humano y un componente esencial del bienestar. Su protección requiere condiciones de vida dignas, acceso a una atención de calidad y oportunidades de participación e integración social (OMS, 2023). Desde esta perspectiva, la educación emocional constituye una dimensión fundamental de la formación integral: permite comprender la propia experiencia, fortalecer la convivencia y reconocer cuándo es necesario solicitar apoyo.

En este marco, la estrategia El ABC de las emociones propone una aproximación a la alfabetización emocional: aprender a reconocer, nombrar, comprender y regular las emociones. Este ensayo sostiene que el bienestar socioemocional no puede reducirse a una tarea individual ni recaer exclusivamente en el personal docente; requiere la participación de las familias, la escuela y la comunidad, así como el reconocimiento de los límites de la intervención educativa.

Desarrollo

El documento El ABC de las emociones. Orientaciones para docentes plantea el acompañamiento y el bienestar de las personas jóvenes desde un enfoque formativo, preventivo y comunitario. Su propuesta parte de una idea central: la salud mental no depende únicamente del individuo, sino también de los vínculos y las condiciones del entorno. Así, la escuela puede contribuir al bienestar cuando ofrece relaciones de confianza, oportunidades de participación y un trato respetuoso.

En la práctica docente es posible observar señales de malestar emocional, riesgo o crisis; para ello, el material ofrece una tabla de señales de alerta y acciones orientativas que puede apoyar la identificación de situaciones que requieren atención o canalización. Además, en estas orientaciones se aclara que no sustituyen una valoración profesional y que su función es favorecer una respuesta pertinente dentro de los límites del ámbito educativo.

El cuidado de quienes enseñan es igualmente importante. Hacer pausas breves, reconocer las propias emociones, organizar el tiempo y establecer límites claros respecto al alcance de la función docente son prácticas que favorecen el autocuidado.

Acompañar no exige tener todas las respuestas ni asumir responsabilidades ilimitadas, sino reconocer cuándo se necesita apoyo y contar con condiciones para sostener la labor educativa. El docente debe generar confianza, escuchar sin juzgar, validar emociones, observar cambios de comportamiento, registrar situaciones relevantes y canalizar a quienes requieran atención especializada. Aunque el material incluye principios básicos de los Primeros Auxilios Psicológicos, se aclara que la intervención educativa no sustituye el tratamiento profesional de problemas de salud mental (SEP, 2026a).

La familia, por su parte, constituye un primer espacio de educación y vincula las dimensiones afectiva y cognitiva del desarrollo. En ella se transmiten valores y normas, pero también se construyen formas de escuchar, expresar emociones y resolver desacuerdos. Por esta razón, el acompañamiento familiar y el escolar deben complementarse mediante un diálogo respetuoso y continuo (SEP, 2026b).

El bienestar socioemocional debe abordarse como una responsabilidad de toda la comunidad educativa. Los distintos espacios de la jornada escolar ofrecen oportunidades para desarrollar habilidades emocionales y reflexionar sobre la convivencia. En este sentido, el personal educativo puede valorar la pertinencia de incorporar este ámbito al Programa Analítico de la escuela y fortalecer los vínculos con las familias y las instituciones de salud. Esta colaboración favorece la construcción de ambientes seguros y evita que el cuidado recaiga en una sola persona.

Por otro lado, desde nuestra experiencia docente, la implementación de esta estrategia ha estado acompañada de información insuficiente. Recibimos el material impreso y los cuadernillos de apoyo, pero no explicaciones claras sobre cómo se llevará a cabo la estrategia ni sobre lo que se espera de nuestra participación.

Quienes impartimos tutoría en 3.º de secundaria, así como los directivos de las escuelas secundarias de los distintos servicios, recibimos por correo electrónico una invitación para inscribirnos en el curso El ABC de las emociones: Acompañar desde la práctica docente y los primeros auxilios psicológicos para el bienestar socioemocional de las y los adolescentes. Sin embargo, la inscripción se presentó como obligatoria: se solicitaron nuestros datos y se indicó que realizar el curso era un requisito para participar en cursos posteriores. A estas dificultades se suman los problemas para ingresar al curso y la expectativa de realizarlo a contraturno.

En este contexto, en general la propuesta no ha sido bien recibida: su carácter obligatorio, la escasa información y las dificultades de acceso favorecen que se perciba como una exigencia, más que como una oportunidad de formación.

Conclusión

El ABC de las emociones ofrece una orientación inicial para reconocer, comprender y regular las emociones, tanto en el alumnado como en quienes lo acompañan. Su valor educativo reside en vincular este aprendizaje con la expresión respetuosa, la empatía y la responsabilidad. No se trata de formar personas que nunca sientan enojo o tristeza, sino de favorecer que puedan comprender lo que viven, pedir ayuda y elegir cómo actuar. Como docentes debemos reconocer nuestro papel en la sociedad y la trascendencia de nuestra labor en la formación de ciudadanos capaces de convivir, participar en la comunidad y actuar con responsabilidad social. La educación emocional adquiere sentido cuando se integra en una formación humanista y se sostiene mediante la colaboración entre la escuela, las familias, la comunidad y las instituciones públicas. El diálogo entre docentes y padres de familia, el respeto a la privacidad y el acceso oportuno al apoyo especializado son condiciones necesarias para que el acompañamiento no se reduzca a recomendaciones individuales.

 

Referencias bibliográficas:

Organización Mundial de la Salud. (10 de octubre de 2023). Día Mundial de la Salud Mental - La salud mental es un derecho humano universal. https://www.who.int/es/news-room/events/detail/2023/10/10/default-calendar/world-mental-health-day-2023---mental-health-is-a-universal-human-right

Secretaría de Educación Pública. (2026a). El ABC de las emociones. Orientaciones para docentes. Secretaría de Educación Pública.

Secretaría de Educación Pública. (2026b). El ABC de las emociones. Orientaciones para madres, padres y personas cuidadoras. Secretaría de Educación Pública.

Bibliografía:

Delors, J. (1996). La educación a lo largo de la vida. En La educación encierra un tesoro: Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI (pp. 111-126). Santillana / Ediciones UNESCO.

Secretaría de Educación Pública. (2017). Los fines de la educación en el Siglo XXI. Gobierno de México.

Torres Merchán, N. Y., Pachón Barbosa, N. A., Medina Peña, N. A., y Amézquita Vargas, J. C. (2014). Reflexiones críticas sobre la formación del sujeto social en un programa de formación superior. Praxis & Saber, 5(9), 127-147.

Zavala León, M., Pacheco Celaya, A., y López Ibarra, D. (2021). Impacto del contexto social en el rendimiento académico del alumno. En Memorias del XVII Congreso Nacional de Investigación Educativa. COMIE. 

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