sábado, 31 de octubre de 2026

¿Cuidar sin condiciones? Una lectura crítica de El ABC de las emociones en el marco de la Nueva Escuela Mexicana.

En agosto de 2026, la Secretaría de Educación Pública (SEP) puso en marcha el programa ‘El ABC de las emociones en Educación Básica’, una guía que presenta la estrategia nacional de salud mental como una política de alcance nacional orientada a promover el bienestar socioemocional de las y los adolescentes y jóvenes mexicanos. Esta estrategia comenzó a implementarse en las escuelas al inicio del ciclo escolar 2026–2027, a través de una serie de materiales que están destinados a utilizarse dentro del espacio curricular de tutoría o educación socioemocional.

El presente ensayo plantea una reflexión crítica acerca de si este programa responde verdaderamente a los principios pedagógicos de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) o si únicamente se trata de la terminología sin que se aplique en acciones concretas. Si bien es cierto que ‘El ABC de las emociones’ mantiene una congruencia con el enfoque humanista y comunitario de la NEM, su dependencia de la iniciativa del personal docente, su atención centrada principalmente en la población adolescente y la limitada consideración de las condiciones estructurales que generan malestar emocional restringen su potencial transformador.

Desde el Plan de Estudios 2022 se pretende una formación integral que contribuya al desarrollo de una ciudadanía crítica orientada al bienestar colectivo. Además, en la educación secundaria, la educación socioemocional se ubica dentro del campo formativo ‘De lo Humano y lo Comunitario’, desde donde se favorece la construcción de la identidad, una educación sexual fundamentada en el respeto y la igualdad de género, así como el desarrollo de capacidades afectivas, físicas, creativas y sociales.

Asimismo, la NEM establece que las escuelas elaboren sus propios programas analíticos, de manera que las propuestas didácticas respondan a las problemáticas de sus contextos locales. Esto supone la “construcción de ambientes escolares seguros y de confianza, en los que se privilegie el trato digno hacia todas las personas” (SEP, 2026, p. 6).

El informe Delors sostiene que aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a vivir juntos constituyen dimensiones “íntimamente relacionadas” de una misma realidad (Delors et al., 1996, p. 115), que las escuelas “deben evitar aislarse de su entorno social” (p. 120) y que la educación, “sin límites temporales ni espaciales, se convierte en una dimensión de la vida misma” (p. 125). 

Creo que uno de los aciertos más relevantes del programa es como se concibe el bienestar emocional como un derecho humano y un principio fundamental de la formación integral. Esta perspectiva basada en derechos humanos se vincula de manera directa con el compromiso ético de la NEM sobre la dignidad humana y la convivencia. Además, me parece interesante como las orientaciones contemplan el autocuidado de los docentes y promueven buenas prácticas que buscan construir entornos protectores desde la perspectiva de género y derechos humanos. En ese sentido, coincide con lo planteado por Delors et a. (1996) que sostienen que tanto los educadores como las comunidades deben de contribuir al “aprender a vivir juntos.” Para eso es fundamental reconocer a las y los docentes como sujetos que también requerimos atención y cuidado y no somos solamente los responsables de implementar las estrategias. 

También merece la pena mencionar que se hace el esfuerzo por concebir a la educación socioemocional como algo aislado, sino que como agente vinculante y transversal de los campos formativos. Esto resulta congruente con la propuesta curricular de la NEM y su orientación hacia los aprendizajes contextualizados, participativos y colaborativos. 

Sin embargo, considero que existe un punto de análisis importante de mencionar sobre la manera de concebir la autonomía docente. Si bien es cierto que las orientaciones son sugerencias para que cada docente pueda seleccionar y adaptar los recursos de acuerdo con su autonomía, el mismo documento solicita a las y los docentes identificar señales de malestar emocional o violencia y discriminación. Muchas veces este tipo de responsabilidades no están acompañadas por protocolos institucionales claros o suficientes para atenderlas, o incluso espacios definidos para su atención. Esto puede generar desigualdad institucional ya que las escuelas con mayores recursos y capacidades institucionales pueden obtener mejores resultados. 

Por último, a pesar de que el programa hace énfasis en el autoconocimiento, la autorregulación y el autocuidado, podemos caer en el riesgo de individualizar problemáticas que puedan ser de origen estructural. Zavala et al. (2023) identifican la pobreza, el desempleo, la delincuencia y las condiciones de vivienda entre los factores contextuales que influyen en el desarrollo educativo. Por su parte, Delors et al. (1996) advierten que “las desigualdades educativas tienden a reproducirse cuando no se establecen acciones deliberadas para corregirlas” (p. 114). Además, la guía no describe un mecanismo específico para dar seguimiento y evaluar sus efectos.

Para concluir, ‘El ABC de las emociones’ representa un avance en congruencia con la educación humanista que promueve la NEM. Su concepción del bienestar emocional desde un enfoque de derechos humanos, su compromiso con el cuidado colectivo y su articulación con los contenidos curriculares constituyen aportaciones significativas. Sin embargo, el diseño de un documento no garantiza una transformación efectiva de las prácticas educativas.

Para responder verdaderamente a los principios de la NEM, el programa necesita expandirse hacia los primeros niveles educativos, ofrecer a los docentes formación especializada y mecanismos claros de canalización, en lugar de limitarse a proporcionar sugerencias. Asimismo, requiere fortalecer los vínculos de colaboración con las familias y las comunidades, así como relacionar el aprendizaje socioemocional con las condiciones sociales que influyen en la vida cotidiana de las y los estudiantes.

 

Referencias

Delors, J.,et al. (1996). La educación encierra un tesoro: Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI. Ediciones UNESCO.

Secretaría de Educación Pública. (2017). Los fines de la educación en el siglo XXI. Gobierno de la República.

Secretaría de Educación Pública. (2026). Sugerencias para el abordaje de las Orientaciones El ABC de las emociones en Educación Básica. Gobierno de México.

Secretaría de Educación Pública (2026, mayo, 22). Principios de la Nueva Escuela Mexicana [Video]. https://nuevaescuelamexicana.sep.gob.mx/contenido/recurso/principios-de-la-nueva-escuela-mexicana/

Zavala León, Pacheco Celaya y López Ibarra. (2023). Impacto del contexto social en el rendimiento académico del alumno [Ponencia]. XVII Congreso Nacional de Investigación Educativa, COMIE. https://comie.org.mx/congreso/memoriaelectronica/v17/doc/1311.pdf


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